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Amores no correspondidos

Amores no correspondidos

Josep M. Moreno. ® Agosto 2007

 

No te arrepientas de tu pasado con él. Si lo viviste es porque era una necesidad de tu alma, no es que estuvieras como un perro maltratado detrás de algo o alguien era que seguías un sentimiento, un deseo, y eso es lo más bonito que podemos hacer o vivir, independientemente del resultado. Para las cosas del amor no importan los resultados, aunque normalmente es lo único que nos mueve, queremos el final feliz, los sueños cumplidos, a pesar de ello, lo que realmente importa es hasta qué punto has desarrollado tu capacidad de amar.

Amar como un ejercicio, una práctica, no un sentimiento en el fondo egoísta de "quiero que me quieran". Cuando te toca sufrir no es en relación a si el otro te merece o no, sino que a través del sufrimiento haces alma, es decir, te inicias en los misterios y profundidades de tu alma.

El sufrimiento, cuando es aceptado, purifica. Tampoco se trata de buscarlo como hacen los masoquistas, pero si toca, toca. Todos merecemos que se nos trate bien, por dignidad humana pero cuando en nuestro destino aparece el maltratador, el humillador, es una excelente ocasión para aprender profundas lecciones. Por desgracia, muchas veces ocurre que no se entiende y entonces se vive mal, uno se resiente y se cierra ante la vida por despecho. No se trata de hacer lo mismo a los que te hacen daño, aquello del ojo por ojo, se trata de averiguar que quiere de tí el Espíritu o Dios, como prefieras, de tí a través de este daño.

En última instancia, no nos hacen daño las personas, pues éstas siempre son mensajeras de una voluntad superior. En realidad, somos títeres aún cuando nos creemos libres y señores de nuestro destino. Se trata de reconocer la presencia del dios o de los dioses que mueven los hilos y ponerse a su servicio, a esto se le llama cumplir con tu destino, de lo contrario nos encontramos ante la situación tan frecuente, por desgracia, de la persona enfrentada a o confrontada por su destino, que es lo mismo que decir por la divinidad. Es de suponer que siempre tenemos las de perder en una confrontación de este tipo.

Aceptar el destino aunque no sea el que a uno le gustaría, honrar los sentimientos aunque no sean correspondidos como uno desearía y antetodo ponerse al alcance de la vida, darse a los demás en el sentido no de dejarse manipular sino de abrirse a vivir plenamente lo que nos toca vivir en su presencia y/o en su ausencia es el mayor reto.

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