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Conformarse versus imponerse

Fragmento de W. Giegerich

extraído de Giegerich W. (2013). Neurosis. The Logic of a Metaphysical Illness. New Orleans: Spring Journal Inc.

 

Muy frecuentemente uno se encuentra con pacientes que tienen la necesidad de comportarse de la manera en que piensan que los demás quieren o esperan que se comporten. Hay en ellos el miedo a presentarse con su verdadero ser y de imponerse  con su propia naturaleza a su entorno. Estar realmente aquí, sin embargo, significaría precisamente esto. Hay dos maneras principales de ver la razón detrás de la negativa de una persona a imponerse a sí misma. En primer lugar, está el temor de que uno pueda ser una molestia para la otra persona, y es la razón por la que se retiene. En segundo lugar, uno trata de escapar del juicio o veredicto de los demás; uno no quiere correr el riesgo de ser uno mismo, de exponer la propia naturaleza interna a la prueba de fuego. En el primer caso se trata de un comportamiento dependiente de la consideración de los otros, en el segundo, está motivado por una especie de cobardía, el deseo seguir siendo incólume, intocado, una cantidad desconocida. Si bien, es cierto que empíricamente, en el comportamiento social de cada uno, es normal mostrar consideración por los sentimientos e intereses de los demás, en estos casos, se trata de algo completamente diferente: se trata de un auto-reserva psicológica más allá de la apariencia de consideración por los los demás. La auto-reserva psicológica no hace que uno se abstenga de un mal comportamiento, lo que sería de hecho una exigencia de la educación o la ética, sino que más bien suprime la propia naturaleza, es decir la propia verdad. Uno no se permite ser el que uno es. Pero la única razón por la que estoy en el mundo es la de ser el que soy, para que mi naturaleza, mi yo mismo, mi individualidad y particularidad se expresen en la realidad. Y es por eso que es mi obligación psicológica imponer mi naturaleza, mi ser, mi verdad (una vez más: no  mi comportamiento) a los demás si la situación lo requiere.

Más que el miedo a convertirse en una molestia para los demás, el error psicológico detrás de la auto-reserva neurótica, es que yo trato a mi naturaleza como si estuviera en el mismo status que mi comportamiento. Ciertamente, soy moralmente responsable de mi comportamiento, puedo, en gran medida aprender a vigilarlo y controlarlo. Pero no soy responsable de mi naturaleza, mi verdadero ser, mis verdaderos deseos, sentimientos y opiniones. No me he hecho a mí mismo ni he elegido mi naturaleza, más bien me he encontrado con estas o aquellas características como hechos irracionales y contingentes.  Mi modo de ser me ha sido dado: para bien o para mal yo he sido "dotado" con mi naturaleza. De esto se deduce que la cuestión de la responsabilidad tiene que ser vista exactamente al revés: en lugar de sentirme culpable por mi verdadera naturaleza y entonces mantenerla oculta, bajo control, tengo precisamente la responsabilidad de ser el defensor de mi ser. Mi naturaleza y la verdad que me ha sido confiada, así que tengo que actuar como su paladín defensor. Tengo que apoyarla como su cuidador. Tengo que prestarle mi voz, ya que sólo puede hacerse oír a través de mí.

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