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Conversaciones con Giegerich

En respuesta al artículo, Conversaciones con Giegerich de Raúl Ortega, escribí los siguientes comentarios, y reflexiones críticas respecto a algunas de las afirmaciones vertidas en él.

Raúl, este “análisis” de la Psicología de Giegerich que haces muestra, antetodo, una falta de argumentos inquietante. Sobran alusiones a tus preferencias personales y opiniones que viertes sin fundamentar ya no digamos las acusaciones y/o alusiones a la persona de Giegerich y sus supuestas intenciones.

Resulta evidente que has hecho una lectura superficial y apresurada que no cala en lo más mínimo en las ideas del psicólogo alemán. Y para no “pecar” de lo mismo que te atribuyo paso a justificar el porque afirmo lo que afirmo. Aclaro antes que no voy a extenderme en las justificaciones, en primer lugar porque para cualquier interesado están expuestas con todo detalle y peso en sus obras y en segundo lugar, porque llevaría mucho tiempo y esfuerzo, factores que si han estado ausentes en la confección de tu “análisis” no creo que ahora y por lo que yo diga brote la motivación necesaria.

la persona aquejada de dolor por la carencia de un sentido elevado en su vivir es un “malade imaginaire

Giegerich nunca ha expresado tal idea, para Giegerich precisamente la búsqueda de significado más que un intento de curación es un síntoma más de la neurosis. En este sentido, la propuesta junguiana de una “vida simbólica” en pos de un significado trascendente constituye una “defensa neurótica” frente a la carencia, nada que ver con el “malade imaginaire”.

de eso inasible que es la psique, tejida con esa gasa etérea de los sueños y la imaginación. ”

Esa “definición” que haces de psique muestra palpablemente que no tiene nada que ver con la noción que propone el autor, la psique objetiva cuya dinámica es la vida lógica del alma.

A la propuesta de toda esa corriente de la filosofía que considera real sólo lo inmediato, lo sensorial, lo racional que se construye sobre eso y todo el acervo de asuntos que alcanza a valorar el mero sentido común es a la que precisamente responde la psicología profunda trayendo a consideración algo tan extraño, extravagante y sui generis como es lo inconsciente

Giegerich adopta el pensamiento dialéctico (Hegel) como su principio metodológico fundamental. Precisamente este pensamiento niega valor de realidad a lo inmediato, siendo éste casi siempre una expresión de ideas sin determinación, declaraciones abstractas y fijas, empezando la realidad a llenarse de contenido a medida que las ideas abstractas se vivifican por el pensamiento que saca a relucir sus íntimas contradicciones.

“Nos cuenta otra vez la realidad flagrante ya asumida desde hace rato de que la religión no se crea ni se destruye, sino sólo se transforma: en utopías políticas, en todo tipo de -ismos, en ateísmo incluso, pero llega a la conclusión de que todo eso, a día de hoy, es un anacronismo, un error. Una contingencia prescindible.”

Giegerich nunca afirma que la religión se crea o destruye, su propuesta es que la realidad y su dinamismo histórico es el que implacablemente vuelve obsoletas determinadas ideas religiosas, no porque las descarte en cuanto temas sino porque las integra dialécticamente en el proceso de transformación histórica de la consciencia.

decir que toda búsqueda es en sí tonta.”

Se deja entrever en esta afirmación cierta malicia pues Gieigrich no se cansa de repetir incesantemente e incansablemente que la única búsqueda que vale la pena es la búsqueda de conocimiento, de la verdad, sobretodo la de la época que nos ha tocado vivir y la del proceso histórico que a ella nos ha conducido.

Una y otra vez el pensamiento de este filósofo va a tratar de sostenerse por sí sólo en la racionalidad, en la conciencia, haciendo caso omiso de la conexión que su intuición le proporcionaría con su inconsciente. 

El pensamiento que se sostiene por sí solo en la racionalidad” constituye un enunciado que no dice nada si no se explicita que entiendes por racionalidad. Aunque “intuyo” que sacas a relucir el tópico de pensamiento versus intuición y su variante pensamiento versus sentimiento. Pares de opuestos que parecen exigir una toma de posición, un situarse a favor de uno y en contra de otro, cuando él se empeña, en varias obras, en mostrar y argumentar que la intuición y el sentimiento son formas de pensamiento, que las supuestas contradicciones son fruto de un planteo que escinde neuróticamente los opuestos ocultando así su dinámica interna que los revela como diferentes momentos de un único proceso.

El significado, en el caso de que existiese, sería, ante todo, un hecho implícito de la existencia, un a priori” no parece darse cuenta de que está aludiendo precisamente al arquetipo,

No, él no alude al arquetipo dado que uno de sus principales argumentos consiste en demostrar como el concepto arquetipo es una hipóstasis, un concepto metafísico creado por Jung para justificar su proyecto psicológico y su intento de restaurar una realidad anímica obsoleta.

Si dejara de pensar que el sentido de la vida o es consciente (auto-evidente) o no es, ya que no es así, ni lo fue ni será, razonaría mejor.

Para nada Giegerich razona así. Para él, el sentido, el significado cuando esta vivo, está presente como valor del alma, como realidad viviente, precisamente cuando empezamos a hablar de él es cuando lo hemos perdido.

“Si entendiera la búsqueda idealista, la pregunta romántica, como el intento de elegir la mejor y más sana alimentación para algo de lo que se es apenas consciente, aún siendo un a priori de la existencia (el estómago psíquico), vería como cuadra todo de un modo diferente

Para él, la búsqueda romántica peca de un desliz en la nostalgia, experiencia muy legítima para las personas que la viven pero inútil cuando ha de utilizarse como justificación para buscar respuestas a los problemas de la época pues supone un dar la espalda a la necesidad de dejarse enseñar por ellos. Lo que alimenta o no no se elige, a uno le toca descubrir el alimento presente y alimentarse de éste, sea del gusto esperado o no.

“piensa en el sentido de la vida como algo que pertenece eminentemente al entorno cultural, a la ideología, a la religión exotérica”

Giegerich piensa que el sentido de la vida es un tema estrenado en nuestra modernidad, una modernidad que se caracteriza precisamente por la pérdida de sentido como ya bien Nietszche lo diagnóstico hace ya más de 150 años. Sí el sentido de la vida cuando estaba presente no era una realidad o experiencia en la esfera de lo subjetivo y privado, era una verdad comunal y exotérica. Precisamente su muerte ha empujado a muchos a “redescubrirlo” como necesidad privada, como un tema de elección personal.

 Esto me hace deducir que este siglo es problemático para Giegerich desde dos frentes: como junguiano le cae mal todo lo que tiene de continuador del cientifismo, y como el filósofo racionalista casi en estado puro que es se incomoda ante todos esos rebrotes impetuosos anímicos, procedentes directamente de un subversivo inconsciente, que hacen del romanticismo eso que todos reconocemos.”

Nada que ver con las preocupaciones de Giegerich, al menos las expresadas públicamente. A él no le molesta el cientifismo, lo considera un destino histórico, tampoco se incomoda frente a los rebatos anímicos, más bien intenta comprenderlos y ofrece argumentos en su análisis.

Giegerich que parte de pensar en lo mítico como una mera proyección de lo psíquico, entendido además lo psíquico como algo solamente subjetivo

Esta afirmación muestra a todas luces que no has captado para nada uno de los pilares no solo de la psicología tal y como la entiende Giegericho sino de la entera tradición junguiana, la psique no es subjetiva, es objetiva, no es una propiedad de las personas “el alma no está en las personas, las personas están en el alma”

“En contra de lo que cree ver Giegerich, no hay cambio sustancial en la realidad y en el alma en el paso del mundo antiguo al moderno. Hay un cambio dramático, eso sí, en la perspectiva del ego. Que él piensa es evolutivo, y yo, en muchos aspectos (aunque acepto que no en todos), involutivo.”

“Es obvio que Giegerich tiene un concepto lineal del tiempo. Ve la evolución filogenética humana como una línea evolutiva ascendente, y la compara con la ontogénesis individual, el viaje del feto al viejo”

Decir que la realidad no cambia substancialmente resulta tan temerario como pretender que el ego siempre existió, sin ver que es un producto histórico más. Antes de la modernidad no existía ego como no existía “significado de la vida”. Giegerich no sustenta para nada un planteo evolucionista, ni involucionista, el contempla la realidad dinámica del alma en sus expresiones históricas y sus transformaciones dialécticas que no lineales, que varían en complejidad, sin presunciones valorativas.

“aunque aquí concede al menos que la conciencia de sus designios espirituales “le llega al hombre fundamentalmente más tarde, a posteriori” (o sea, que antes era algo inconsciente)”

No es lo mismo que la consciencia sea inconsciente, estamos ante un predicado, que defendamos “el inconsciente” un sustantivo, un ente.

¿De qué estamos hablando entonces, Giegerich? ¿Tú has atravesado una neurosis? ¿Has profundizado en ella? ¿Tienes experiencia real, personal, de lo que significa individuación? ¿En qué te basas para hablar así? ¿En tu mente lógica? Sólo con este párrafo el autor nos obliga a pensar que todo lo que “escribe es pura paja”,”

Este cuasi “vómito” de alusiones personales sólo delatan a quien las hace. Se suele recurrir al artificio, al truco retórico de cuestionar al mensajero cuando no hay argumentos para responder al mensaje.

Hay muchas más objeciones a tu “análisis” pero de momento lo dejo aquí.

 

Josep M. Moreno

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