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El eterno triángulo

El eterno triángulo

Liz Greene ®, 1999

Las relaciones triangulares son una dimensión arquetípica de la vida humana. De una forma u otras, nunca escapamos de ellas. De hecho tendemos a manejarlas bastante mal cuando aparecen en nuestras vidas. Esto es comprensible, porque los triángulos normalmente evocan emociones muy dolorosas, sin importar en qué lugar del triángulo nos encontremos. Tendremos que hacer frente a sentimientos como los celos, la humillación y la traición. O tendremos que vivir con la sensación de ser traidores o deshonestos, o de estar haciendo daño a alguien. Podremos sentir todos estos sentimientos a la vez además de tener la convicción de ser un fracaso. Las emociones implicadas en relaciones triangulares son a menudo terriblemente angustiosas y afectan a la autoestima. Porque los triángulos nos enfrentan a emociones muy difíciles, y a menudo nos encontraremos intentando culpar a alguien de la presencia de un triángulo en nuestras vidas. Bien nos culpamos a nosotros mismos o bien culpamos a una de las otras dos personas. Pero los triángulos son en efecto arquetípicos y, si tenemos alguna duda sobre su universalidad, sólo tenemos que leer la literatura de los últimos tres mil años. Todo lo arquetípico nos regala un mundo de pautas con un sentido y un inteligente desarrollo interno. Hay algo en la experiencia del triángulo que puede convertirse en uno de nuestros más poderosos medios de transformación y crecimiento, a pesar de lo desagradable y doloroso que es. La traición, sin importar si uno es el traidor o el traicionado, nos produce algo que potencialmente puede ser de enorme valor.

Nada acontece en nuestras vidas si no está conectado de alguna forma con nuestro viaje individual. Esto no implica culpa o causalidad, pero sí un profundo significado que puede ser transformador para todo individuo dispuesto a buscar ese significado. Cuando un triángulo acontece en la vida de uno, es por algo. Si elegimos reaccionar únicamente con rabia y amargura, es nuestra elección.

Pero también podríamos elegir hacer del triángulo un trampolín para una auténtica búsqueda psíquica. Este es particularmente difícil porque la experiencia de humillación revive normalmente todos los mecanismos de defensa de la infancia, y es muy difícil moverse desde esas respuestas primarias a una perspectiva más neutral...

La universalidad de los triángulos

Hay muchos tipos de triángulos, y no todos implican una relación sexual adulta. Aunque nos limitásemos a los triángulos sexuales, nos encontraríamos con diferentes variedades. Los triángulos sexuales no siempre están hechos del grandioso material dramático de Tristán e Isolda. En algunos triángulos amorosos adultos, las tres partes son fijos. Hay una pareja y una tercera persona involucrada con alguien de la pareja, y no hay ningún movimiento en el triángulo. Es estático y puede durar muchos años, hasta que uno de los tres integrantes muere. En otros triángulos amorosos, una de las partes cambia constantemente. Un individuo puede practicar adulterio en serie - a veces, como en el caso de John F. Kennedy, con una increíble frecuencia de cambio. Pero ambas situaciones son triángulos, aunque tendamos a dar mayor valor romántico a las primeras; y ambas evocarán el mismo espectro de emociones arquetípicas.

Además de los triángulos en los que existe una implicación sexual con cualquier combinación de los dos sexos, hay otros muchos tipos de triángulos. Los más importantes son los que implican a padres e hijos. Los triángulos también pueden involucrar amistades. Más complejos son los triángulos que implican a compañeros no humanos. Un miembro de la pareja puede sentirse celoso y traicionado por la dedicación del otro al trabajo, al compromiso artístico o al desarrollo espiritual. Estos triángulos pueden provocar exactamente el mismo sentimiento de celos que los de los de tipo sexual. Cuando uno se adentra en un espacio creativo, de alguna forma ha "abandonado" a la persona con la que vive, y esto puede crear unos celos enormes en uno de los miembros de la pareja... Si uno ama su propio trabajo, esto puede ocasionar unos celos tremendos. Hay incluso triángulos que involucran a mascotas. Esto puede sonar absurdo, pero una persona puede sentirse extremadamente celosa, herida, confusa y abandonada porque su pareja está profundamente unida a su gato o perro - aunque uno no desee admitir tales sentimientos en público. Aparentemente todos estos diferentes tipos de triángulos no tienen relación entre sí. Lo único que tienen en común es que están formados por un tipo de amor, que, en un triángulo, deja de ser exclusivo. Y cuando tenemos que compartir el amor de alguien, ya sea con otra persona o con algo intangible como la imaginación o el espíritu, podemos sentirnos traicionados, degradados y desconsolados.

Este pequeño diagrama es un cuadro simplista de las tres partes del triángulo... Algunas personas experimentan sólo una de las tres partes a lo largo de su vida, mientras que algunas experimentan las tres.

El traidor es la persona que aparentemente elige involucrarse en el triángulo. Uso el término "aparentemente" porque no siempre se puede estar seguro de cuán consciente es esta elección, así como tampoco se puede estar seguro de cuánta connivencia existe entre el traidor y el traicionado. Sea lo que sea lo que esté actuando bajo la superficie, el traidor es un alma dividida. Hay un amor, atracción o necesidad por dos cosas diferentes. La mayoría de nosotros da por hecho que el amor debería ser exclusivo, aunque en un nivel consciente profesemos una perspectiva más liberal. A causa de los valores de nuestra herencia Judeocristiana, nos han educado para creer que si nuestro amor no es exclusivo, no es amor, y entonces ya no somos"buenas" personas. Hemos fracasado, o bien somos egoístas e insensibles. Por este motivo, cuando experimentamos esta profunda división interna, es muy difícil hacerle frente. Es mucho más fácil para el que traiciona sacar una lista de justificaciones de porqué él o ella está cometiendo un acto de traición. Normalmente no oímos decir al que traiciona "Estoy dividido. Estoy partido por la mitad". Lo que solemos oír es: "Mi pareja me está tratando muy mal. Él/Ella no me da A, B, C y D, y yo necesito todas esas cosas para ser feliz. Por ese motivo tengo una excusa para buscar a otra persona".

La siguiente parte del triángulo es el traicionado, que aparentemente es la víctima inocente de la incapacidad del traidor para amar de forma exclusiva. También aquí he utilizado el término "aparentemente" porque, una vez más, puede haber alguna duda sobre la complicidad inconsciente que se juega en este rol. Las tres partes del triángulo son secretamente intercambiables. No son tan diferentes como pueden parecer a primera vista. Pero el traicionado generalmente cree que él o ella es leal, y que es la otra persona la que está siendo desleal. Es otra persona la que ha iniciado el triángulo. Normalmente pensamos que el traicionado es quien peor lo pasa de los tres, porque es la persona que generalmente exterioriza todo el dolor, los celos y los sentimientos de humillación.

En último lugar, como tercera parte del triángulo, está el Instrumento de la Traición. Es la persona que aparentemente entra en una relación ya existente entre dos personas y amenaza con destruirla o cambiarla. Esta parte del triángulo suele tener mala prensa, y se la ve como a un ave de rapiña, como a alguien que se lleva el don más preciado de alguien. Si alguna vez ocupamos este lugar, recibiremos muy poca comprensión, y absolutamente ninguna por parte de aquellos que tienen relaciones estables y que sienten el viento frío de su posible futuro. De hecho, el Instrumento de Traición puede sentirse como una victima, y puede ver al traicionado como al ave de rapiña. Podemos empezar a vislumbrar la identidad secreta entre estas dos partes del triángulo. Hay personas que se mueven alrededor del triángulo y experimentan las tres partes a lo largo de sus vidas, a veces en más de una ocasión. Otras personas experimentan exclusivamente una de las tres partes y siempre son traicionadas en sus relaciones, o siempre juegan a ser el que traiciona. O siempre son Instrumento de Traición involucrándose una y otra vez con personas ya comprometidas.

También podríamos agrupar los triángulos en cuatro grupos básicos… Está el omnipresente triángulo familiar, al que está dedicado este artículo fundamentalmente. También hay triángulos de poder y triángulos defensivos. Estas dos variedades de triángulos no están realmente separadas, pero sí tienen ligeras diferencias. Ambas tienen un sabor característico, y las razones de su aparición en la vida de uno pueden no estar totalmente enraizadas en el entorno familiar. Un triángulo defensivo sería, por ejemplo, un hombre o mujer que necesita formar una relación adicional fuera de su pareja establecida a causa de sus sentimientos de profunda inadecuación. Estas personas pueden tener una gran inseguridad y temer que si se comprometen demasiado, y ponen toda la carne en el asador, se volverán demasiado vulnerables; y entonces el rechazo sería completamente intolerable. El triángulo se crea entonces como mecanismo de defensa. Si son abandonadas por una de las dos personas, siempre les quedará la otra. Esto no suele ser consciente, pero es un poderoso factor motivador en muchos triángulos.

Existen triángulos en búsqueda de lo imposible. Éstos pueden coincidir con triángulos familiar, así como con triángulos defensivos y de poder. Pero hay un ingrediente especial en la búsqueda de lo imposible, y es que a menudo la motivación más profunda es artística o espiritual. A veces, cuando buscamos un amor imposible, tiene poco que ver con seres humanos. Pero podemos traducir nuestros deseos creativos o místicos en la persecución de aquello que no podemos tener. En este sentido nos abrimos a una dimensión de la psique que tiene más que ver con las fantasías creativa que con las relaciones. La "musa" del artista rara vez es su mujer o su marido. Este tipo de triángulo puede incluir elementos pertenecientes a antiguas dinámicas familiares, y puede incorporar también motivos defensivos; pero necesita ser entendido desde una perspectiva diferente.

El último grupo, los triángulos que reflejan una vida psíquica no vivida, engloba a todos los otros. Cuando profundizamos en los triángulos familiares, siempre necesitamos preguntarnos porqué queremos estar tan terriblemente cerca de uno de los padres en particular. ¿Qué significa ese padre para nosotros? ¿Por qué podemos enfrentarnos a la indiferencia de uno de nuestros padres y sin embargo necesitamos la fusión absoluta con el otro? Al final, inevitablemente, encontraremos trozos de nuestra propia alma labradas en todas las partes del triángulo - cualquier triángulo, ya esté motivado por dinámicas familiares, poder, mecanismos de defensa o todo lo mencionado anteriormente. Hay excepciones, porque siempre hay excepciones a cualquier pauta psicológica. Pero lo más importante es que, cuando un triángulo aparece en nuestras vidas, independientemente del lugar en el que nos coloquemos, hay algún mensaje en él acerca de las dimensiones de nosotros mismo que no hemos reconocido o vivido. Si una pauta de triángulo se sigue repitiendo, entonces hay un mensaje muy fuerte, y necesitaremos escuchar lo que está tratando de decirnos.

El triángulo familiar

Los triángulos familiares no terminan en la infancia y tienen repercusiones a lo largo de la vida. Si no se resuelven, entraran secretamente en nuestras relaciones adultas. Si un triángulo familiar no se sana, podemos recrearlo, una o varias veces, porque esperamos, a un nivel profundo e inaccesible, encontrar una forma para sanarlo o resolverlo. Freud desarrolló la idea del triángulo Edípico, también conocido como "el romance familiar", en un contexto muy específico. Según su visión, nos apegamos apasionadamente al padre del sexo opuesto, y entramos en una situación de rivalidad y competitividad con el padre del mismo sexo.

Dependiendo de cómo se resuelva en la infancia el triángulo Edípico -y esto incluye tanto las respuestas de los padres como el temperamento innato del individuo-, nuestras relaciones posteriores se verán inevitablemente afectadas. Si inequívocamente "ganamos" y conseguimos el amor exclusivo del padre del sexo opuesto, sufriremos porque nunca hemos aprendido a separarnos o a compartir. Experimentamos un tipo de falso poder infantil, porque sentimos que hemos abatido al rival. Somos todopoderosos, y esto puede abrir la puerta a una posterior incapacidad para enfrentarse a cualquier clase de desilusión en una relación. Y, como consecuencia, también se verán afectadas las relaciones con personas del mismo sexo.

Si, por ejemplo, un chico ve a su madre y a su padre en conflicto, y "gana" la batalla Edípica al convertirse en el marido suplente de su madre, puede experimentar una profunda culpa inconsciente hacia su padre. También, puede perder respecto por su padre, a quién aparentemente ha apartado de un empujón con gran facilidad. Entonces la imagen paterna del chico podría ser la de alguien débil, impotente, y fácilmente vencible; e interiormente puede temer eso de sí mismo, porque él también pertenece al sexo masculino. Este chico tendrá que seguir afirmando su victoria Edípica más tarde a lo largo de su vida convirtiendo a cada amigo masculino en un rival y relacionándose exclusivamente con mujeres. Este tipo de hombres no conectan con otros hombres, solamente con las mujeres que ya están comprometidas con otros hombres. El vínculo con su madre le habrá costado a este hombre la relación con su padre, lo que puede significar que no tenga una imagen masculina interna a la que recurrir, ni una sensación de apoyo por parte de la comunidad masculina de su entorno. Este sentido de confianza y de identidad sexual masculina va a depender enteramente de si sus mujeres le aman -y cuanto más, mejor. Este es un lugar muy inseguro y doloroso en el que vivir. Podríamos aplicar la misma interpretación en el caso de una mujer y su padre.

Si perdemos totalmente la batalla edípica -y la palabra clave aquí es "totalmente"- también sufrimos. Una derrota edípica absoluta constituye una humillación que puede hacernos perder la confianza en nosotros mismos. Con "absoluta" quiero decir que el niño siente que no ha conseguido contacto emocional de ningún tipo con el padre amado, y a esto le sigue un profundo sentimiento de fracaso. El individuo entonces no puede acercarse al padre, quien puede ser incapaz de ofrecer una respuesta emocional positiva a su hijo o hija. O bien puede ser que el otro padre siempre esté en medio. Más adelante en la vida, tal derrota emocional puede generar un sentimiento persistente de inadecuación e inferioridad sexual. Puede contribuir a muchas pautas de relación destructivas -sin excluir el tipo de triángulo en el que uno está desesperadamente enamorado de alguien permanentemente comprometido con otra persona. Uno puede convertirse en el infeliz Instrumento de Traición, siempre llamando a la puerta cerrada del matrimonio de su amante. O en el traicionado, repitiendo en vano la derrota edípica en el papel de la pareja establecida que es humillada por el gran poder de la madre o padre rival. Tanto con la inequívoca victoria edípica como con la inequívoca derrota edípica, somos incapaces de establecer una separación psicológica del padre amado, y una parte de nosotros nunca supera la infancia realmente. Entonces podemos quedarnos atascados en dinámicas de relación repetitivas en donde seguimos intentando "arreglar" mediante un triángulo la dificultad original.

Freud pensaba que la resolución más sana del conflicto edípico es una especie de derrota suave, en la que recibimos suficiente amor por parte del padre amado pero todavía estamos obligados a admitir que la relación de nuestros padres es en última instancia irrompible. Entonces podremos aprender a respectar las relaciones entre otras personas, y construir una confianza al establecer relaciones más allá del mágico círculo de los padres. Entramos aquí en el reino de lo que Winnicott llamó "suficientemente bueno" - un matrimonio de los padres suficientemente bueno, una relación con ambos padres suficientemente bueno, y suficiente amor y amabilidad para que la derrota edípica pueda estar acompañada de un razonable sentido de seguridad dentro de la familia y un conocimiento de que uno seguirá siendo amado. También es importante que no temamos un castigo por parte del padre rival. Desgraciadamente, muchos padres emocionalmente hambrientos y resentidos en un matrimonio infeliz, castigan a sus hijos por "robar" el amor de la pareja. Necesitamos reconocer que no podemos suplantar a un padre para tener al otro, pero también tenemos que saber que seremos amados por el padre que hemos intentado derrocar. Naturalmente, esto es un ideal que pocas familiar pueden lograr. Muchísima gente sufre en mayor o menor grado una victoria o una derrota Edípica excesiva. Lo que realmente importa es lo que hagamos con ella, y la consciencia que tengamos de ella. Y no hay un activador de la consciencia tan potente como un relación triangular.

Hay un valor considerable en el modelo psicológico de Freud, y parece haber muchas situaciones en las que una absoluta derrota o victoria edípicas están relacionadas con una tendencia a involucrarse en triángulos posteriormente en la vida. Pero hay limitaciones importantes en este modelo de "romance familiar". El padre al que nos atamos no es necesariamente el padre del sexo opuesto. El padre puede pertenecer al mismo sexo que el individuo. Los sentimientos edípicos no son, después de todo, "sexuales" en el sentido adulto de la palabra, sino que están más relacionados con una fusión emocional. Al igual que, de hecho, lo están muchos de nuestros sentimientos aparentemente sexuales cuando somos adultos; la sexualidad contiene muchos niveles emocionales que no son siempre conscientes. Una derrota o victoria edípica que implique al padre del mismo sexo puede tener repercusiones igualmente dolorosas y también pueden inclinar a posteriores relaciones triangulares. Una persona puede sentirse dislocada de su propia sexualidad, porque el padre amado es un modelo de esa sexualidad y el vínculo es demasiado débil o negativo para permitir que el modelo sea interiorizado de una forma positiva. Un hombre puede pasarse la vida intentando ganar el amor de su padre al demostrar lo hombre que es. Entonces establecerá triángulos de forma inconsciente, que no tienen que ver con la mujer con la que se implique, porque la ambición inconsciente es impresionar a otros hombres -o castigarlos por el rechazo del padre. Y una mujer puede intentar ganar el amor y la admiración de su madre de la misma manera, castigando a otras mujeres por el fracaso de su madre a la hora de amarla. El rival en un triángulo adulto puede ser secretamente mucho más importante para el individuo que le aparente objeto de deseo. Basta escuchar la preocupación obsesiva que el traicionado y el Instrumento de la Traición sienten el uno por el otro para reconocer que la situación puede ser psicológicamente mucho más compleja de lo que parece.

Los padres pueden sentir también una sensación de amenaza sexual cuando se ven frente a un hijo que está creciendo en madurez sexual ante sus ojos. Este sentimiento de amenaza puede estar basado en una mayor conciencia sexual... Reconocer que esos sentimientos eróticos puedan ser compartidos entre padre e hijo no constituye una excusa para el abuso sexual infantil. Ni tampoco implica una relación "anormal". Pero los niños pueden ser muy seductores, de una manera ingenua. Están "experimentando" su sexualidad. No quieren ni esperan una respuesta sexual por parte del adulto, pero necesitan descubrir su propia identidad física y emocional expresándosela al padre. Estas cosas son simplemente parte de la vida familiar. No son patológicas; son humanas, e intrínsecamente saludables. La energía erótica que es parte del proceso de desarrollo de cualquier persona durante la infancia va a ser liberada en la familia porque es el lugar apropiado para que el niño la libere. Además, es natural y conveniente que el padre responda de una forma positiva - aunque no es conveniente que esto sea actuado de maneras destructivas. 

También pueden reprimirse los sentimientos hacia la madre. Uno puede convertirse en un "destroza matrimonios", como solían llamarlo en la época en la que todavía había matrimonios. Un "destroza matrimonios", psicológicamente hablando, es una persona que invade una relación estable, no sólo por su auténtico afecto y deseo hacia el objeto amoroso, sino también porque hay una necesidad compulsiva de adoptar el papel del rival con quién uno se identifica secretamente - o literalmente convertirse en él.

Es muy difícil admitir tal conducta en uno mismo. Si acabamos en el papel del Instrumento de Traición, nos gustará pensar que realmente nos hemos enamorado de alguien, y el hecho de que ese alguien y tenga una relación estable es simple mala suerte. Ha cometido un error y se ha casado con la persona equivocada, o se ha casado en contra de su voluntad porque había un niño de camino. No importa los razonamientos que nos demos a nosotros mismos, siempre intentaremos justificar nuestro papel como Instrumento de Traición devaluando la importancia del vínculo ya existente. Esto puede resultar a veces extremadamente ingenuo, y conduce a una desilusión y a un daño importantes cuando se descubre que la esposa o el esposo "no querido" significa mucho más para el amado de lo que uno nunca ha sido capaz de reconocer. También podemos descubrir con horror que empezamos a comportarnos exactamente igual que el rival repudiado a quien en un principio relegamos al cubo de la basura de "él/ella sólo está con ella/él por los niños". Cuando los conflictos de los padres están sin resolver, la necesidad de derribar a una pareja puede ser terriblemente poderosa - especialmente si el rival es un amigo íntimo, lo que facilita recrear los sentimientos del triángulo familiar original.

... Jung estaba bastante preocupado por las dinámicas psicológicas de esta pauta de comportamiento porque él la sufrió en sus propias carnes. Aunque sus definiciones son algo rígidas y necesitan una interpretación mucho más flexible, son útiles en cuanto que nos ayudan a comprender porqué necesitamos los triángulos, y porqué las tres partes son secretamente intercambiables. Es posible que las tres personas sufran la misma dinámica no resuelta con los padres. La escisión interna parece ser particularmente fuerte y conduce a triángulos compulsivos cuando opuestos aparentemente irreconciliables aparecen en el mismo padre amado. Hay padres en los que los opuestos no son tan terriblemente opuestos, pero hay otros en los que son muy extremos. Estos padres suelen ser fascinantes y a menudo ejercen un gran carisma sexual porque son muy insondables. El padre es bello y amado, pero también dañino, cruel, insensible, devorador o bien difícil de digerir. Es muy duro para la psique humana aceptar estos opuestos tan extremos en el mismo paquete, así que uno necesita dos personas a través de las cuales puede experimentar estos sentimientos ambivalentes...

Las imágenes de los padres que contienen extremos opuestos pueden facilitar una propensión a los triángulos en la vida adulta. Nos involucramos con alguien y con el tiempo esa persona comienza a adoptar la imagen de una parte del padre. Después de unos pocos años de vivir juntos, empezamos a decirnos a nosotros mismos y a nuestros amigos "Mi pareja es tan posesiva, sólo necesito tener un poco de espacio para respirar",.. O bien uno dice, "Mi pareja es tan restrictiva y tan convencional, sólo tengo que ser libre para ser yo mismo"... Sentimos que nos estamos disfrutando el tipo de relación hermosa, erótica y divertida que esperábamos encontraríamos en la pareja. Entonces justificamos al amante que hace el papel de Venus. La escisión se actúa, pero de hecho refleja dos cualidades opuestas que no han llegado a buen término en la relación con uno de los padres. Por supuesto tales escisiones conectadas con los padres están, en el nivel más profundo, relacionadas con cualidades opuestas que no han sido resueltas dentro de uno mismo. Todos los triángulos, incluyendo aquellos que surgen del entorno familiar, están vinculados en última instancia con nuestra propia vida psíquica no vivida. Si fuéramos capaces de reconciliar nuestros propios opuestos, podríamos permitir a nuestros padres ser igualmente contradictorios. No hay nada extraordinario en un padre que tiene dos caras... Los seres humanos tienen muchas facetas, y lo mismo pueden amarnos que herirnos. Pero podemos encontrar estas contradicciones intolerables en nuestros padres si ellos no pueden enfrentarse a sus propias contradicciones. Entonces no recibimos ninguna ayuda para aprender a integrar nuestras contradicciones. Y algunas de ellas, en términos astrológicos, son simplemente demasiado extremas para manejarlas a una edad temprana. 

Familias divididas 

Los triángulos pueden desarrollarse dentro de la familia mediante la separación de los padres... Tales oposiciones no indican necesariamente que los padres se hayan separado, pero suele haber conflicto y separación a un nivel psicológico, si no lo hay a nivel físico. El individuo experimenta a los padres en oposición, y cuando esto ocurre normalmente nos vemos forzados a tomar partido. Nuestra propia incapacidad para enfrentarnos a la situación nos empuja a hacerlo, u a veces un padre no puede evitar el tratar de provocar la lealtad del niño como un arma contra el otro padre. En esta situación lo esencial, como siempre, conlleva una contradicción dentro del individuo, experimentada primeramente a través de los padres y reflejada en la carta por planetas en oposición, y que en última instancia necesitan ser manejadas a un nivel interno. Pero la inconsciencia por parte de los padres puede hacer que este proceso sea más largo y más duro. Aunque no estemos sujetos a presión por parte de los padres, es poco probable que podamos enfrentarnos a lealtades divididas a una edad tan temprana. Y en tales circunstancias, haría falta unos padres extremadamente sabios y conscientes, que estuvieran los suficientemente de acuerdo entre ellos para no someter al niño a ningún tipo de presión emocional. Normalmente, si los padres son tan infelices que tienen que separarse, no están de humor para mostrarse cooperativos. Las separaciones liberan en nosotros emociones primarias, y estas pueden conllevar un considerable afán de venganza - especialmente si la separación está provocada por un triángulo.

A menudo el niño acabe sintiéndose como un balón de fútbol en un partido particularmente agresivo. Un padre - especialmente si él o ella es el traicionado- puede intentar reclamar la custodia del niño, sutil o abiertamente, para herir al traidor. Hay ciertos guiones que parecen leídos por mucha gente. Por ejemplo: "Tu padre me dejó porque era un bastardo. Era incapaz de amar. No nos quería a ninguno de nosotros, de otra forma no se habría ido con esa mujer". El mensaje para un niño de sexo masculino sería: "Espero que tú no te parezcas a él cuando crezcas". El mensaje para una niña sería: "Espero que cuando crezcas no te cases con alguien como él". Estos mensajes no tienen que ser necesariamente hablados. Pueden comunicarse mediante un martirio y una miseria continuas. El traicionado, cuando los padres se separen, tendrá normalmente un gran poder sobre la psique del niño a causa de la compasión que él o ella provocan en el niño. Los niños no están equipados para salirse de la lucha y observar objetivamente la separación. Debe ser la culpa de alguien, bien la propia o bien la de los padres. Los niños tampoco se atreven a rechazar esos mensajes, porque están aterrorizados de enfadar al padre que es ahora el único que va a cuidarles. En nuestra sociedad, cuando los padres se separan, la madre normalmente se queda con el niño - aunque ésta no sea la mejor solución para ese niño en particular desde el punto de vista psicológico. Hay muchos ejemplos en los que el padre podría estar emocionalmente mejor equipado para educar al niño, pero los juzgados no lo ven de esa manera. La madre tiene que ser excesivamente atroz para que le quiten a su hijo. Si los padres no están casados, los derechos del padre pueden ser inexistentes a la hora de que le puedan conceder el derecho de visita. Uno bien puede cuestionarse si un padre realmente se merece que le arrebaten a su hijo y le pongan en su contra solamente porque ha traicionado a su mujer pero los triángulos tienen una manera de general consecuencias emocionales muy desagradables que continúan a través de las generaciones y alimentan más triángulos.

Las permutaciones de la ceguera humana son muchas y variadas, y los padres divorciados o separados - o incluso aquellos que siguen viviendo juntos pero están emocionalmente alienados - generalmente exigirán que el niño elija a uno o a otro. El amor por el otro padre puede ser negado, reprimido, silenciado. Esto es terriblemente humano. Si nos hiere alguien, encontraremos difícil de soportar que otra persona a la que queremos muestre afecto hacia la que nos ha herido. 

Aunque lo veamos, estaremos limitados, porque tenemos que experimentar algo. No podemos sanar nada solamente mediante el ejercicio de la razón. Pero las emociones que el triángulo lleva a la superficie pueden cambiar, y el resultado puede ser muy diferente, si no externamente, sí internamente. Lo triste acerca de los triángulos es que todo el mundo pierde. Tarde o temprano, en un nivel o en otro, las tres personas resultarán heridas. Mismo si el Instrumento de la Traición tiene éxito al romper una relación ya existente y "consigue" al objeto amoroso por el que ha estado luchando, se trata de una victoria pírrica. El Traidor tiene que elegir al final, y aunque algo haya ganado, también ha perdido algo. Y la victoria no es menos pírrica para el Traicionado que consigue "traer de vuelta" a la pareja infiel. Hemos experimentado nuestro poder Edípico e invertido la derrota Edípica original que sufrimos en la infancia. Pero ¿qué es lo que realmente hemos ganado, y con lo que vamos a vivir después? El resentimiento parece inevitable, no importa qué lugar del triángulo ocupemos. Si somos el Instrumento de la Traición, hemos conducido a alguien a tener que tomar una decisión dolorosa y, a menudo habrá un montón de sufrimiento, no sólo emocional, sino también financiero, y además habrá resentimiento. Pero todavía es más importante el hecho de que, si permanecemos inconscientes, no hemos hecho nada para sanar la escisión interna que subyace bajo el triángulo. Sólo hemos conseguido una solución externa. Nada ha cambiado realmente.

Inseguridades que generan triángulos

Hay otra consecuencia de los triángulos familiares, la alineación potencial entre uno mismo y otros del mismo sexo. Una batalla Edípica sin resolver puede acarrear una pérdida de confianza en la propia sexualidad. Si se produjo una situación de intensa rivalidad y competitividad con el padre del mismo sexo, inevitablemente tendrá sus efectos sobre nuestras amistades y la manera en la que interactuamos posteriormente con nuestro propio sexo. Si una mujer tiene una madre que es una rival insuperable, y en cuyas manos ha sufrido una derrota dolorosa y humillante durante la infancia, la confianza en su feminidad puede verse deteriorada. Y puesto que no confía en sí misma, tampoco confiará en otras mujeres. Todas ellas parecerán tener el poder de "llevarse" a aquellos que ama. Esta desconfianza hacia el propio sexo puede ser muy aguda. Una mujer puede tener una maravillosa amistad con otra mujer, y entonces conoce a un hombre realmente adorable y mantienen una relación y ¿qué es lo que ella hará a la hora de presentar su pareja a su amiga? El trasfondo de ansiedad y sospecha puede dificultar mucho las cosas e, inconscientemente, ella puede prepararse para la traición. Puede que seleccione inconscientemente como amigas a aquellas que actúan sus conflictos no resueltos con su madre, porque tienen conflictos no resueltos con sus madres. Lo mismo se puede aplicar a los hombres. Si un hombre ha experimentado una situación de competitividad destructiva con su padre, entonces en cualquier relación posterior en la que se involucre, el sentimiento de rivalidad siempre va a levantar cabeza, porque otros hombre siempre parecerán rivales potenciales. Uno debe permanecer en guardia todo el tiempo. Esto no es posesividad en el sentido ordinario de la palabra. Sus raíces son bastante diferentes.

Las experiencias edípicas a menudo aparecen como un estallido hacia la mitad de la vida..., si existen pedazos importantes de nosotros mismos que no se han desarrollado, aparecerán de repente… Y a menudo, el primer lugar en el que nos encontramos estos trozos ocultos de nosotros mismos es en otra persona. Es la forma más característica en la que la psique llama a la puerta y pide integración. Esta necesidad de convertirse en algo más de lo que uno realmente es puede comenzar con una súbita atracción. Los trozos no vividos de nosotros mismos pueden aparecer también en un rival. Sorprendentemente, el rival puede ser más importante a nivel psicológico que la persona contra la cual uno está luchando. Pero si no ha habido patrones de triángulos anteriormente, la erupción de uno en la mitad de la vida no implica necesariamente un problema de familia no resuelto. Y en el caso de que así fuera, el problema tiene que ser analizado en un contexto más amplio.

Triángulos que implican vida no vivida

Llegamos ahora a la cuestión de lo que realmente podría subyacer bajo la dinámica de los triángulos - bajo los patrones, defensas y luchas de poder relacionadas con los padres, así como otras razones aparentemente "causales" de que los triángulos aparezcan en nuestras vidas. Creo que hay siempre un elemento de vida no vivida en todo triángulo, y por varias razones a veces parece que seamos incapaces de descubrir esa vida no vivida si no es mediante el extremo stress emocional que los triángulos generan. La traición es una experiencia arquetípica que constituye nuestro principal instrumento de maduración. Esto no significa que todos necesitemos convertirnos en cínicos amargados. pero hay algo importante en reconocer cómo nuestras fantasías de lo que consideramos deberían ser la vida y el amor nos evita crecer y convertirnos en auténticos miembros de la familia humana.

La traición es el medio mediante el cual se reconocen estas fantasías. Intentamos incluirnos a nosotros y a otras personas en nuestro mundo de fantasía para compensar el dolor de la infancia. Puesto que todas las infancias son dolorosas, los razonamientos ingenuos que llevamos encima también son arquetípicos, y reflejan un mundo infantil alternativo que recuerda al Edén en su inocencia y en el estado de fusión con el padre divino. La serpiente en el Jardín es una imagen de este papel arquetípico de traición, que es inherente al estado de inocencia y tarde o temprano emerge para destruir nuestra fusión.

No hay ninguna fórmula para enfrentarse al dolor de la traición. Pero una perspectiva arquetípica puede ayudarnos a ver las cosas de otra manera, aunque no podemos hacer que el dolor desaparezca mediante la explicación o la imaginación. No hay remedio para este tipo de dolor. Pero hay una diferencia entre el dolor ciego y el dolor que va acompañado de entendimiento. Este último tiene un efecto transformador. Cuando no hay consciencia, los triángulos tienden a repetirse a sí mismos - diferentes personajes, un mismo guión. Algunos triángulos son realmente transformadores. Acaban con un viejo patrón de conducta, y la nueva relación es genuinamente mucho más feliz y más satisfactoria. O el triángulo sirve al propósito de liberar energía, liberar potenciales internos, e incluso si la antigua relación se restablece, o se acaba por no estar con ninguna de las partes, todo ha cambiado. Pero seguimos siendo nosotros mismos, y por mucho que intentemos reorganizar nuestra vida exterior, si un problema interno no ha sido resuelto, las mismas pautas de conducta empezarán a emerger en la nueva relación. La compatibilidad puede ser más grande con otra pareja, pero uno todavía debe tratar con su propia psique.

...Incluso podríamos decir que el triángulo se forma porque hay una resistencia a cambiar, así que cualquier cosa que esté buscando expresión desde dentro va a volver a casa de nuevo. La energía psíquica se libera, ya sea a través de la muerte o de la renuncia voluntaria a una persona. El tiempo de todo esto no es accidental. En una o dos o incluso tres de las partes, los problemas inconscientes han llegado finalmente a un punto desde el cual pueden ser integrados, incluso si esto se expresa simplemente dejándolo ir. En el momento en que empecemos a hacer esto, las proyecciones empiezan a volverse conscientes. No creo que el verdadero perdón pueda llegar de otra manera. Es un tipo de gracia. No puede ser creado mediante un acto de voluntad. Es muy triste oír decir al traicionado "Te perdono", no porque lo sienta realmente, sino para hacer que la pareja vuelva. En el fondo no hay perdón en absoluto - aunque esto no sea enteramente consciente- y el castigo puede seguir. El perdón sólo puede venir de un reconocimiento de la propia complicidad dentro del triángulo -cualquiera que sea el papel de uno- y la aceptación de las propias proyecciones. Antes de eso, el perdón no es realmente posible. Sólo parece emerger de algo que ha sido genuinamente integrado en uno mismo. El proceso total es transformador. No podemos manufacturar el perdón si hemos sido traicionados - ni podemos fabricarlo para nosotros si somos los traidores. Lo único que podemos hacer es trabajar para integrar lo que pertenece a nuestra propia alma.… 

La integración psíquica es el telos, la meta, de los todos los triángulos... Incluso los triángulos que aparecen como abiertamente edípicos también tienen que ver con nuestra propia vida interna, porque lo que amamos u odiamos en el padre es algo que nos pertenece a nosotros. Pero tenemos que encontrar nuestra propia forma de vivirlo.

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