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El paradigma de “dejar padre y madre”

Fragmento extraído de: (Giegerich, W. (2010). The Soul always thinks. Collected English papers, Vol. IV. New Orleans: Spring Journal Books. p. 395 y ss, Trad. Ale Bica.

El paradigma de “dejar padre y madre” 

Como paradigma para la comprensión psicológica de la muerte de la naturaleza, o de cualquier muerte semejante por lo que hace al caso, podemos utilizar la frase bíblica, “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se adherirá a su esposa” (Mc. 10:7). Crecer significa que el padre y la madre han muerto psicológicamente. ‘Psicológicamente muertos’ no significa que estén literalmente muertos, significa: haber perdido importancia para el alma, haberse reducido a nulidades psicológicas. Los padres simplemente pueden ser dejados atrás. La pasión psíquica, los más altos valores psíquicos, lo numinosum tremendum et fascinosum, se ha mudado fuera y lejos de ellos y ahora reside en algún otro lugar, en algún lugar totalmente nuevo y hasta ahora desconocido, por ejemplo en “su esposa”. Los padres aún existen, pero ahora vaciados de su importancia previa. Se han desmitologizado, desmistificado y ahora son personas comunes, que sólo existen factualmente dentro del mundo del ego de la pragmática de la vida humana, pero ya no en el reino del alma. Se han vuelto personas con las que uno, sin duda, está conectado en una relación especial y con todo tipo de sentimientos, simplemente por la larga historia previa de esta relación y también por lo que ellos solían ser para nosotros, pero ahora sin embargo es una relación especial sólo empíricamente, no lógicamente ni psicológicamente, tal como uno tiene una relación más estrecha con colegas de mucho tiempo atrás antes que con completos desconocidos. Para el niño la conexión con sus padres tenía una dignidad cuasi ontológica. Para el adulto, por contraste, la relación con los padres que aún existen está fundada meramente en hechos empíricos contingentes de tener un pasado común y posiblemente en la simpatía personal (egoica). Pero ya no son los padres del hombre en el sentido psicológico; ya no es mas su niño. Habiendo crecido, ahora es un adulto tal como son ellos, y ahora es algo así como un “colega” suyo, en un nivel psicológico de igual plano. Y tarde o temprano, la relación anterior entre él y ellos incluso podría llegar a invertirse, cuando sus padres se vuelvan viejos, podrían depender de ser cuidados por él como niños. La “muerte” en psicología significa irrelevantificación. Esto no significa precisamente que uno tenga que luchar, dominar, destruir, matar, lo que sea esa realidad que devendrá obsoleta para el alma. Querer pelear contra los padres, por el contrario, significaría realzar nuevamente su superioridad, importancia, numinosidad. 

El hombre que ha dejado a su padre y a su madre ipso facto ha dejado su oikos paterno. Pero la casa paterna no es cualquier casa, es el hogar kat´ exochen, el único hogar real, porque es su a priori, y ésto es lo que sobre todo significa ‘hogar’. Es su a priori porque le fue dado por sus padres y porque nació en él. Habiendo dejado este hogar se ha vuelto fundamentalmente sin hogar, alienado. Si ahora todavía quiere tener del todo un hogar, tiene que establecer su propio oikosy familia con su esposa, pero al ser un oikos de su propia creación es algo totalmente diferente del hogar de sus orígenes. Su hogar, hecho por sí mismo es esencialmente a posteriori, y a pesar de que empíricamente viva en él, lógicamente está por encima y alrededor de él, ya que es su hacedor y dueño. De modo que su nuevo hogar no deshace su alienación fundamental y su carencia de hogar. Son irrevocables. De hecho, son la base de toda su existencia futura y también el fundamento del hogar establecido por él. Más bien, el hecho de que haya establecido un hogar por sí mismo significa que se ha arraigado plenamente, y que hizo él mismo su hogar, en la condición de su esencial carencia de hogar

Puede, por supuesto, visitar a sus padres y a su antiguo hogar. El hecho de que sus padres aún existan no contradice que estén muertos. El primer hecho es una verdad positivista, el segundo una verdad psicológica o lógica. Además, su antiguo hogar aún está allí. Pero ya no es más su hogar. Ya no puede “regresar” más a él en el pleno sentido de la palabra; no habrá nunca una recuperación o una resurrección de aquel oikos. Cualquier visita de vuelta a casa tendrá meramente el carácter de un viaje sentimental, y la casa en la que creció le hará dolorosamente consciente del hecho de que lo que ve allí es sólo la vacía cáscara muerta de su antiguo hogar, una reliquia de su pasado, y que no hay para él camino de regreso. El hogar paterno inevitablemente se le he vuelto histórica, una especie de museo al aire libre, Colonial Williamsburg. Lo mismo se aplica a sus propios padres. Comopadres se han vuelto históricos para el adulto. 

Por el modo en que he descrito este cambio, uno podría pensar que el acto del hijo de abandonar a sus padres y su hogar de la infancia es lo que provoca la emigración del alma desde el oikos primario y fuera de las personas de sus padres hacia algo nuevo. Pero es al revés. Crecer significa que la persona, por así decirlo, se ve confrontada y es sorprendida por la irrelevantificación de sus padres y de su hogar, que ha ocurrido por su propia cuenta. Esto no es en absoluto el resultado de su propio hacer. Inadvertidamente se ve catapultado a una nueva situación. Y sólo lentamente se da cuenta del hecho de que el más alto valor del alma, de que su “libido”, está en otra parte, porque el cambio en tanto realidad objetiva, como un hecho, llega generalmente primero y la conciencia de ello, por no hablar del propio entendimiento que se tenga de ello, llega sólo después del hecho. Las chicas de repente son mucho más importante que sus padres. Así, al abandonar padre y madre y al “adherirse a su esposa” sólo sigue el ejemplo y rinde homenaje a un movimiento “autónomo” del alma que ya hace tiempo que había desprovisto para él a sus padres y su hogar paterno de su importancia anímica. Hace explícita para él lo que ya era una verdad para él implícita y se transforma en el fundamento sobre el cual él se establece. Es un acto de adaptación psicológica a su nueva realidad anímica. 

La palabra “padres” ahora se ha vuelto equívoca. En su sentido ahora histórico, obsoleto, se refiere a los padres como aquellos personajes de importancia vital a los cuales yo como niño solía mirar esencialmente hacia arriba. Eran la presencia real, positiva, del más alto valor del alma. Pero “padres” también se refiere a las mismas personas nombradas que érase una vez, mucho tiempo atrás, fueron las personas cargadas de significado numinoso, pero que ahora no son más que seres humanos comunes, humanos, demasiado humanos, y “colegas al mismo nivel”, como ya señalé antes. El ser humano empírico-factual ha nacido a partir del antiguo padre o madre previamente inflados numinosamente. También podríamos decir: han emergido a partir de la numinosidad en la que habían estado envueltos; la vestidura mítica se ha desprendido de ellos, de modo que ahora pueden ser vistos en toda su desnudez y positividad empíricas. La psicología acostumbraba expresarlo aún de otra manera: La proyección arquetipal ha sido retirada de ellos. 

Desmitologizando a la “madre” 

Cuando Jung dice, “... pero una persona con visión ya no podrá con toda justicia poner esa enorme carga de significado, responsabilidad, deber, cielo e infierno, sobre los hombros de aquel ser humano frágil y falible, -tan merecedor de amor, indulgencia, comprensión y perdón -que fue nuestra madre” (CW 9i § 172, trad. modif.), extrae de algún modo (no el espíritu de la materia en la que había estado aprisionado, sino inversamente) la “materia” empírica a partir del “espíritu” numinoso. Jung realiza la desmitologización y la reducción, y así también la irrelevantificación de la madre; quiere que nosotros “liberemos a la madre humana de esta carga aterradora” (ibid., trad. modificada). En cualquier caso, él aquí también opera conscientemente con la equivocidad de la palabra “madre” y nos presenta el concepto de “madre” en un sentido meramente histórico: aquella “que fue nuestra madre”. Ya no lo es más. Sólo es un ser humano común, frágil y falible, merecedor de nuestra indulgencia, comprensión y perdón. Ahora es ella la que necesita algo de nosotros (y en este sentido, es de alguna manera lo opuesto de madre). 

La equivocidad inherente a la palabra “madre” expresa la diferencia psicológica. Los alquimistas acaso fueron los primeros en articular la diferencia psicológica, como por ejemplo, cuando dijeron, aurum nostrum non est aurum vulgi, nuestro oro no es el oro del pueblo (el oro común). Así como he seguido este modelo alquímico cuando arriba acuñé la fórmula, natura nostrum non est natura vulgi, así también aquí podríamos decir, mater nostra non est mater vulgi, nuestra madre -“madre” en el sentido psicológico, “madre” como cargada de significado mítico o arquetipal- no es la madre común empírica, “madre” en un sentido meramente fáctico (biológico, social o legal). Pero aquí la cuestión interesante es que el psicólogo Jung, quien, después de todo, es el inventor de la teoría de los arquetipos del inconsciente colectivo, busca la emancipación de la “madre común” de “nuestra madre, la madre psicológica”, la “portadora accidental” (ibid. § 172) del título de madre, de la gran carga mítica que viene con el significado arquetipal de ello. La madre se ve reducida a proporciones humanas, demasiado humanas. Ella no es “nada más que” un frágil ser humano y “sólo eso”. (4) Porque puede ser vista a través como siendo sólo el “portador accidental” de la profunda experiencia psicológica de madre, ella es precisamente contingente, y no arquetipal. 

Para un niño, la diferencia psicológica no existe. La madre es en tanto persona real empírica inmediata e indiferenciadamente la madre numinosa. En tanto que portadora accidental está totalmente envuelta en la vestidura mítica, donde “totalmente” significa que no hay ningún sentido de que algo haya sido envuelto. Hay una estricta identidad de ambos aspectos en la misma madre real. El niño ni siquiera puede ver que hay dos aspectos diferentes, “contenido” y “envoltura”. Están completamente amalgamados, de modo que sólo hay una cosa, la madre real, quien a la vez lleva el enorme peso del significado del cual Jung había hablado. Pero el proceso de madurar es la separación (bifurcación) gradual de esta identidad primaria, de modo que emerge por primera vez la diferencia psicológica que ahora circula en la palabra madre y la hace equívoca. Incluso podríamos decir que madurar es la lenta iniciación en la diferencia psicológica. Arriba he afirmado que con la aparición de esta diferencia el ser humano empírico-fáctico en su positividad ha nacido a partir de la figura paterna previamente inflada. Ahora tengo que añadir que también el alma como tal ha nacido de los previos fenómeno amalgamados. Sólo ahora puede haber propiamente una psicología. Antes, sólo podía haber mitología o sus equivalentes personales. 

Pero puesto que la diferencia siempre emerge sólo más tarde, es necesario trabajar con tres, más bien que sólo con dos formas de “madre” (o lo que sea el fenómeno en cuestión en cada caso) contenidas en la fórmula adoptada de la alquimia. Tenemos tres porque la mater vulgi de esta fórmula necesita ser duplicada. Después de la emergencia de la diferencia psicológica, después de que la conciencia haya comenzado a negar y a separarse del contenido común “madre” y por lo tanto, concebir, por ejemplo, la mater nostra y el aurum nostrum en contraposición a las variedades “comunes” del mismo, la mater vulgi y el aurum vulgi no se refieren más que al contenido vaciado, a la desnuda facticidad empírico-positiva de madre u oro respectivamente. Pero también están la “madre común” y el “oro común” previos a la diferenciación en esta oposición, previos de su vaciamiento, a su kenôsis. Y estas formas primordiales comunes (vulgi) de “la materia” son los aspectos empíricos y numinosos en uno: la madre y el oro comohechos positivos inmediatamente cargados de significado simbólico o anímico. Mientras que la mater nostra es la idea per se de madre, el significado mítico o arquetipal, la mater vulgi no puede ser sino la persona literal o puede ser la persona real cargada con el enorme peso.

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