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Jugar al bebé en el bosque

Fragmento de W. Giegerich

extraído de Giegerich W. (2013). Neurosis. The Logic of a Metaphysical Illness. New Orleans: Spring Journal Inc.

 

Una mujer se queja de molestias pequeñas que se presentan en su contacto con otras personas: el médico no estuvo lo suficientemente interesado en su síntoma, un cajero del banco estuvo un poco agresivo con ella; los otros son egoístas y tratan, ella cree tomar ventaja de su ignorancia en ciertos asuntos o de su debilidad personal. A veces también se queja acerca del comportamiento supuestamente impertinente de otras personas que simplemente ha observado sin estar personalmente involucrada. Ahora, la cosa especial sobre sus quejas es el tono del sentimiento con que las expresa, el cual revela la fantasía y la emoción subyacentes. Ella habla acerca de estos incidentes como de algo totalmente increíble, inaudito. ¡La gente que se comporta de esta manera resultan algo que es totalmente impensable, chocante, y por lo tanto absolutamente indignante!

Sin embargo, el hecho es que en toda su vida, ya en la infancia, al parecer una y otra vez ella había tenido ocasión de sentirse enojada y molesta por incidentes muy similares. ¿Por qué es la experiencia molesta de hoy le resulta "inaudita"?, ¿por qué es "impensable"? Con los años que tiene experimentó este tipo de comportamiento un millón de veces. El evento de hoy está perfectamente en consonancia con su propia experiencia de vida. Ella debería estar acostumbrada a este tipo de cosas y estar familiarizada con ellas, con un así es el mundo. Sin embargo, la forma en que presenta cada nuevo incidente es como si tal cosa le hubiera sucedido por primera vez y le hubiera dejado sin habla. En otras palabras, un rechazo neurótico a aprender de la experiencia. Podemos decir: esas ocurrencias, y cada vez más, son necesarias, son puestas de relieve de manera selectiva, y utilizadas por el alma para crear, constantemente reafirmar y celebrar la idea de ella como un bebé en el bosque, o un alma no-nata en las nubes, que está absolutamente intocada por (y permanece inmune al) mundo humano real. Al crear la sensación de estar absolutamente sorprendida por el comportamiento de las personas en la vida real, el alma neurótica muestra que ya ha llegado al mundo real, pero regresivamente restaura, o simula, una especie de inocencia prenatal. Además de esta inocencia, el choque y la indignación por los modos del mundo revela una pretensión de superioridad moral. Inherente a esta indignación hay una condena radical, que propulsa psicológicamente al alma, (la cual en realidad ya está aquí abajo) hacia arriba a habitar en las nubes.

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