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La caída

Fragmento de W. Giegerich

extraído de Giegerich W. (2013). Neurosis. The Logic of a Metaphysical Illness. New Orleans: Spring Journal Inc.

 

Una paciente está en una caminata con los demás en una zona montañosa. Llegan a un lugar donde el camino se ha vuelto estrecho, con una pared de roca, por un lado, y una caída un tanto empinada en el otro lado. Siendo realistas visto, no hay peligro. El camino era ancho y suficiente para una persona para atravesarlo cómodamente. Sin embargo, la paciente ve este lugar y de repente se paraliza. No puede ni moverse hacia delante ni hacia atrás. Esto dura sólo unos pocos segundos, entonces consigue continuar. Así que esta es una relativamente muy pequeña e insignificante reacción neurótica, pero una en la que el funcionamiento de la neurosis está completamente presente. 

Lo que crea el miedo, o el pánico es que aquí no hay un peligro real, no en la situación real. Nadie más en el grupo de senderismo sentía nada por el estilo. Más bien, la situación le proporcionó a esta persona una analogía lo suficientemente cercana de un abismo, era suficiente sugestiva  del lejano peligro de caer como para permitir que el alma evocara la imagen vívida de un absoluto perder la tierra bajo sus pies y de una caída sin fin en el vacío, (no había la idea, en su temor, de ser aplastada en el fondo del abismo, sólo la idea de caer). La situación real es, por tanto, por así decir, justo lo que el alma había estado esperando: una oportunidad para proyectar su propia preocupación, una preocupación del alma sobre si misma y auto-permitirse ser indulgente  con esta imagen y emoción, aunque sólo sea por un momento.

Esta caída imaginaria es una amenaza impensable ya que significa: no hay suelo que pisar, que me apoye de forma fiable, alude pues a la experiencia de carencia de fondo de la existencia y ello significa estar inmerso en un movimiento y un proceso que está absolutamente más allá de la propia influencia o control. Al caer, una dinámica se apodera de mí y hace conmigo lo que quiere, y tengo que experimentar y sufrir esta condición de haber sido objeto de una fuerza mayor autónoma.

Puesto que nada de esto es de hecho sucede, pero todo está, por así decirlo, "voluntariamente" conjurado, intuimos que debe ser buscado por el alma. El alma debe tener un interés en ello. El miedo creado artificialmente es el  modo neurótico negativo de celebrar la idea de que el verdadero yo debería permanecer siempre protegido, no exponerse a la vida donde pudiera perder su propia autonomía subjetiva . No es un caso de un temor general a la altura. El alma, al producir el terrible temor de sentirse impotente y expuesta a una proceso de caer si ella continuara, celebra su exigencia de estar provista de un suelo firme, una red de seguridad si (el alma ) ha de implicarse con la vida. La existencia de un terreno estable se configura como la condición previa indispensable para seguir adelante con el verdadero yo.

El miedo a la altura podría en otros casos (por ejemplo, si se halla sobre un alto torre o rascacielos) ser un síntoma por el que el alma en un modo negativo celebra el Yo (en lugar del Aquí), como un principio eleático, absoluto y abstracto; el Yo como absolutamente fundamentado en la tierra y apoyado de forma fiable; el YO como el sujeto que está a cargo de cualquier movimiento, no como el objeto de un movimiento absolutamente más allá de su control. En el miedo general a las alturas, el alma ejerce su insistencia absoluta, existencialmente e intensamente sentida, de una definición eleática de la existencia y del control subjetivo. La insistencia en el principio eleático es la idea de la existencia no como vida, movimiento, estar en ( expuesta a ) un proceso, tampoco como la dialéctica de un llegar a ser y desaparecer, sino como como pre-existencia.

Esta insistencia y este principio están, por así decirlo, inscritos en la conciencia a través del pequeño incidente descrito, la emoción de miedo que sirve como una especie de rayo láser.

La caída es la imagen extrema de estar en la vida. De hecho, todos estamos cayendo, todos estamos en el proceso imparable de encaminarse hacia nuestra muerte. La imagen de la caída en sí misma no causa miedo. Los niños pequeños, por ejemplo, no tienen miedo de caer y, a menudo la experiencia de ser arrojado en el aire y caer les resulta placentero. Esto se debe el niño pequeño todavía no siente la necesidad de establecerse a sí mismo como Yo, por que está totalmente entregado a la experiencia en si misma y su movimiento. En el momento en que el alma crea la idea de caer como una terrible amenaza, establece y celebra el Yo como principio absoluto, el Yo como firmemente afianzado y en control absoluto. El alma funciona aquí a través del opuesto. El miedo a caer crea o confirma la idea de la estabilidad absoluta y el control del Yo. El miedo es neurótico cuando se produce ( no antes de que un sentido del Yo se ha establecido, sino que ) después de que ha sido objetivamente  se ha entendido que el dogma de la estabilidad y el control absoluto es insostenible y si el miedo se usa para restaurar subjetivamente lo que, en el fondo abajo, ya se sabe que es obsoleto.

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