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La neurosis

Fragmentos extraídos de varias obras de W. Giegerich, C. G. Jung y  E. Eskenazi

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C.G. Jung

“Experimentar qué significa, qué tiene que enseñar, cuál es su propósito… No la curamos -ella nos cura” (CW 10 § 361).”

"En los síntomas y en los símbolos se piensan ideas. Las enfermedades psicológicas, por ejemplo, son el pensamiento de ideas particulares, ya sea ese pensamiento acabado y detallado en actitudes mentales, o en la conducta o incluso en el cuerpo de la persona."

“La verdadera causa de una neurosis yace en el ahora, pues la neurosis existe en el presente, de ninguna manera es un residuo del pasado, un caput mortum, sino que se mantiene diariamente, de hecho, es siempre generada de nuevo, por así decir, y es solo en el hoy y no en nuestros ayeres, que se puede curar una neurosis. Porque el conflicto neurótico nos enfrenta hoy, cualquier desviación histórica no sólo es un desvío sino de hecho un giro totalmente equivocado” (CW 10 § 363).

“La neurosis es un sucedáneo del auténtico sufrimiento”.

“Una neurosis es la expresión de los "afectos" de la totalidad del ser humano, y es imposible tratar a “todo el hombre” sólo en el marco de una especialidad médica ... Pero,  ¿qué cura la neurosis? Para encontrar la verdadera respuesta a esta pregunta, la psicología de las neurosis debe ir más allá de sus confines puramente médicos.” C. G. Jung, CW 18 § 839.

“Si alguna vez hubo una enfermedad que no puede ser localizada, ya que surge de todo el hombre, esta enfermedad es una neurosis” C. G. Jung, CW 16 § 194.

“Por lo tanto, la curación de una neurosis cae más allá de los límites de la medicina científica. Es por eso que la neurosis no sólo debería considerarse como una enfermedad, sino como un evento psicológico con un propósito: "No debemos tratar de" deshacerse "de una neurosis, sino más bien tener la experiencia de lo que significa, lo que tiene que enseñar, lo que su propósito es. Incluso uno debe aprender a ser agradecido por ello, de lo contrario se pasa por y se pierde, la oportunidad de llegar a conocernos a nosotros mismos como realmente somos. Una neurosis es verdaderamente curada sólo cuando se ha eliminado la actitud falsa del yo. Nosotros no la curamos - ella es la que nos cura. Un hombre está enfermo, pero la enfermedad es el intento de la naturaleza para curarlo.” (CW. 10 § 361).

 

E. Eskenazi

… El enfoque técnico de la realidad sólo reconoce al ego humano como sujeto, y a los deseos del ego como la intención real. La psique sufriente se reduce a una función que, en sí misma, no tiene significado, o a un objeto para nuestra acción intencional. El enfoque sintético-finalista en cambio garantizaba también subjetividad e intencionalidad al fenómeno. Jung quería averiguar lo que la patología quiere o busca, en contra de lo que yo, el analista, o él, el ego del paciente, quiere. El enfoque finalista implica la idea de la realidad de la psique y la idea de la psique objetiva, que puede llamarse real y objetiva precisamente porque se le garantiza su propia subjetividad, e incluso personalidad. Todo pensamiento analítico-reductivo, por contraste, tiene que haber negado la autenticidad de lo real desde el comienzo. No quiere conocer el fenómeno en su verdadera esencia. Sólo quiere saber cómo tratarlo...

Jung contempló al paciente con la idea en la mente de que en su neurosis, o a través de ella, algo quiere emerger, algo que tiene dignidad ontológica. A ello dirigió su principal atención terapéutica y su fidelidad, al fenómeno y a su finalidad. Su actitud podría por tanto llamarse mayéutica y experimental o exploratoria, en un sentido más profundo de estas palabras. Puesto que aquí el "finis" no debe entenderse tanto como fin temporal que yace en el futuro por delante nuestro, en el sentido de la concepción linear del tiempo como sucesión, sino más bien que se extiende en la profundidad o la altura de la esencia oculta o el contenido esencial del presente...

Si la neurosis es el primer signo, incluso hasta distorsionado, de la emergencia de una nueva intencionalidad o significado, es por así decir la emergencia de una personalidad nueva, hasta ahora no realizada, y ya no más sólo un mero desorden a eliminar. La neurosis es legítima, incluso necesaria y, de hecho, verdaderamente productiva. Lo oculto en ella es el Portador de lo Nuevo. forzando a la ego-consciencia a ir más allá de sí misma y, como tal, sirviendo como un verdadero psicopompos. El verdadero terapeuta no es el analista, sino la enfermedad. Por esto Jung pudo incluso llegar tan lejos como para afirmar que en la neurosis se oculta nuestro mejor enemigo o amigo. Con esta metáfora, se le da expresión definitiva a la subjetividad e intencionalidad del fenómeno discutido bajo el primer movimiento de Jung. El fenómeno es visto como una verdadera personalidad. Finalmente, si no al principio, tenemos que considerar la patología como nuestro mejor amigo. El desorden es el advenimiento de un extraño (ciertamente no querido) o un enemigo (hostis) a recibir en nuestra casa como huésped (hospes), y a cuentas de la cual recepción hospitalaria puede revelarse como el amigo que todo el tiempo había sido. Esto equivale a una inversión de la actitud común respecto a la neurosis... 

La actitud teórica básica hacia la condición neurótica prefigura así la meta anhelada en la práctica de la terapia, la meta de una transformación, de nuevo en el sentido de la alquimia. La transformación, también, es más que que un mero cambio. Es una verdadera revolución, la destrucción de la constitución presente de la consciencia como un todo y su reconstitución en un nivel enteramente nuevo. Es esa muerte o katastrophé (inversión en el submundo) que en sí misma es una resurrección o un camino hacia arriba, como sabía Heráclito. El nuevo nivel alcanzado mediante una destrucción que es una construcción, se imagina aquí sólo en el contexto de la actitud hacia la neurosis y la terapia personal. Sin embargo podría ser equivalente a aquello que en un contexto cultural o colectivo más amplio hoy está de moda referir como "post-moderno". ¿No es acaso la meta de la terapia vencer finalmente la conciencia "moderna" en el individuo?

¿Cuál es el impulso psicológico que reclama este movimiento de Jung? Sólo mediante la idea de la neurosis como un huésped hay una apertura hacia un verdadero futuro, un estado verdaderamente nuevo. Sin ello la terapia estaría al servicio del objetivo de restauración que, como sabemos por la vida política, significa una condición estéril, incluso mortal. Mediante la idea de la patología como nuestro enemigo o amigo el hombre ya no tendría que estar solo en su aislamiento autista y adquiere un auténtico sentido de algún Otro allí afuera. Sólo si hay algo así como nuestro mejor enemigo asaltándonos, o nuestro mejor amigo visitándonos, puede haber un sentido real de ser afectado, de encuentro y de contacto. Sólo entonces podemos también esperar abandonar el modo de manipulación de los fenómenos como única actitud hacia el mundo, y volver a ganar un sentido de nuestro ser en el mundo como una conversación, un hablar con el Otro. La psicología entonces ya no estaría más bajo la regla de la mano (manipulación, tratamiento) sino bajo la regla suprema del oído y de la lengua, en otras palabras, del lenguaje, escuchar y hablar...

"No debiéramos tratar de salirnos y sacarnos nuestras neurosis, porque este intento es la neurosis misma. Es el intento de escapar a la Verdad. En lugar de ello debiéramos tomar nuestras neurosis muy en serio con todas sus contradicciones y llevarlas a su misma conclusión, a donde la neurosis terminaría superándose a sí misma. La neurosis tiene todo lo que necesita -para volverse verdad- dentro de sí misma. En verdad, la neurosis ya es la propia verdad, pero en la forma de su rechazo, en la forma de tratar de esquivarla. La Verdad es ineludible. ” (1)

“Jung pensaba que cada complejo, cada frustración, cada cosa reprimida, no sólo es reprimir una idea y un sentimiento sino que junto con ello una cantidad de energía vital (o energía psíquica) enganchada a eso. Por eso unas amigas que son psicólogas tienden a decir, un poco en broma pero un poco en serio, que la patología atonta. Tener que vivir lleno de síntomas es tener que vivir con muy poca libertad de vida porque estás esclavizado a los síntomas, que implican no sólo la preocupación por el síntoma sino la falta de vitalidad, la falta de atención, todo eso es energía, pero no está, está ahí enganchada en reavivar esas zonas reprimidas que desde lo inconsciente generan síntomas. Y no es tan fácil liberar. Liberar quiere decir que tiene que cambiar la actitud de la persona, desreprimir algo es tener que vivir afrontando, y por lo tanto con un cambio de autodefinición, lo que antes con un síntoma me permitía vivir como si yo no tuviera nada que ver con eso. Desreprimir es tener que afrontar conscientemente: soy aquello que estaba negado. No es simplemente como que saco una moneda que estaba escondida y la pongo adelante, no, desreprimir es que pasa de la trastienda al frente y se vive con ello y se afronta, y se muestra, claro. No será el mismo sujeto el que vive con una represión que aquél en el que la represión no está, será otro. 

Imaginémonos, en esta época no, pero en otros tiempos, un homosexual reprimido, que ni siquiera sabe que es homosexual, no lo puede afrontar, lo sabe sin saber, ésa es la característica de lo inconsciente; la característica de lo reprimido no es que no lo sabes, sí es cierto que no lo sabes, pero hay algo en ti que lo sabe pero tú no lo quieres saber, no es lo mismo que no saber que hay un planeta que todavía no se descubrió, supongamos que mañana se descubre un nuevo planeta, no lo sabíamos, sí, pero eso no estaba reprimido, no lo sabíamos ni lo podíamos saber, pero el no saber de lo reprimido es un no saber donde sin embargo algo en ti sí lo sabe, tanto que cuando se desreprime la reacción siempre es ‘si yo en el fondo ya lo sabía’, siempre, nunca es una novedad, nunca es como ¡ay!, apareció un planeta que no había, no, no, emergió algo que de alguna manera sin saberlo lo sabíamos. Pero imaginemos alguien que trata de vivir ante sí y ante los demás como un heterosexual pero evidentemente con serias mermas. Finalmente a partir de culpas mantiene una relación, más o menos aparente, insatisfactoria sin duda, pero que se puede explicar de mil maneras: esta noche estoy cansado, mañana he tenido un mal rollo en el trabajo, etc., y así va pasando el tiempo para rendir lo menos posible, normal, sin deseo es muy difícil, ¿verdad? Finalmente, contra su voluntad, tiene algunos escarceos, que no se tienen que saber porque dañarían su imagen, con lo cual empieza primero el intento de vivir de acuerdo a lo que no es y segundo a la culpa de verse arrastrado en momentos a tocar con lo que no quiere. Claro que tiene que haber síntomas, claro que tiene que haber angustia, claro que toda la energía no está disponible. Hay una cantidad de energía puesta en que no se sepa, en no enfrentar, en no vivir… es como cuando uno miente, cuando uno miente pasa igual, te tienes que acordar todo el tiempo de que has mentido para no meter la pata, ya no estás libre, se acabó la espontaneidad, y eso es pérdida de energía, eso es… la energía que tienes para interesarte por algo no está, porque está puesta en que no aparezca aquello. Desreprimir es tener que afrontar conscientemente cómo son las cosas y tener que tomar una decisión, no vivirlo inconscientemente. Si esta persona afronta y toma la decisión ya no es la misma persona de antes. Por ejemplo puede afrontarlo, dejar a la mujer, cambiar de estilo de vida... ya no es la misma persona, evidentemente... o puede afrontarlo, considerarse un enfermo y tratar de hacer un tratamiento para… como sea, ya no es el mismo que vive como una especie de escisión consigo mismo. 

Por eso Jung insistió tanto, que el tema de lo reprimido -y ya estaba en Freud-, tiene una dimensión ética, hay una cuestión de honestidad. No digo ética de cristianismo, digo ética del alma. Vivir en la negación, en la mentira, en el autoengaño y en la fantasía en el sentido de lo ilusorio para no afrontar la realidad es deshonesto. Y normalmente, a la base de una neurosis -piensan ellos-, hay un acto no reconocido, encajonado, en el detrás, de deshonestidad. Pensemos que casi todas las personas llamadas normales somos deshonestas, tenemos una imagen pública, no sólo ante los demás sino ante nosotros mismos, y en esa imagen pública no cabe todo lo que hay en uno, no cabe, todos tenemos los secretitos, y tenemos los secretitos que siguen siendo secretitos pero pueden ser confesables y tenemos los secretitos inconfesables, o sea, que en cierto sentido todos somos hipócritas. Tratamos de llevar una vida de cara a un estándar que no tiene que ver con la verdad de uno mismo. ¿Por qué? Porque afrontar la verdad de uno mismo es tener que afrontar demasiadas cosas, lo otro parece más fácil, pero es más difícil, porque se paga un precio, esto es lo que diría Jung. 

Ya lo vio Freud, a la base de todo este tipo de cosas hay un tema de -yo diría de deshonestidad- sumisión a una moral, sumisión a una ideología que te pone en contra de ti mismo, conveniencias, concesiones, pactos, para no perder el trabajo tienes que soportar una vida que te es ajena y convencerte de que es soportable y es lo mejor posible… es que lo otro ¿qué implicaría?, implicaría tener que ser un adulto y afrontar la vida seriamente, implicaría tener que preguntar qué estoy haciendo aquí y replantear mi vida, pero esto da mucho miedo, mucho trabajo. Por huir de ese trabajo se cae en otro y Jung insistió mucho, siguiendo a Freud, que el dolor de la neurosis, el dolor de la patología anímica, es doloroso, pero es un dolor que no lleva a ninguna parte, porque es un dolor que aparece por evitar un dolor que enfrentado produciría una transformación. Por lo tanto, la patología es un arreglo que mantiene las cosas como están a cambio de un precio terrible, para evitar el dolor que haría que las cosas no quedasen como están y que llevaría a descubrir algo de ti y del mundo, porque cuando tú cambias el mundo cambia, no están separados, cuando tú cambias tu registro de lo que existe ha cambiado, de repente el mundo se ha llenado de dimensiones que antes no estaban, porque tú no estabas. Cualquiera que haya vivido, voluntaria o involuntariamente, un proceso de conversión, de transformación, sabe que no sólo se ha sentido distinto, ha descubierto un mundo que no sabía que existía. En el mismo acto ha cambiado el sintonizador que hay en ti, y la realidad que antes era tu única realidad porque no tenías dial, al producirse la transformación, al instante, hay otro mundo. O sea que es una transformación del mundo también. Es penoso, y en esto también tenía razón Freud, lo reprimido es lo reprimido porque es penoso, si no fuera penoso no sería reprimido. Pero el dolor que genera tener que vivir en lo imaginario, que implica un grado fuerte de anestesia, una pérdida de interés vital, y como diría Adler, una falta de capacidad de conectar con el todo, y por lo tanto una vida egocéntrica llena de anhelos de superioridad y vaciada de significado, tiene un precio grandísimo. Y lo ves, lo puedes ver, la gente son como cadáveres que se arrastran, creen que no, pero lo ves, gente que está muerta en vida, ‘sepulcros blanqueados’ lo que dijo Cristo, muy blancos por fuera, muy muertos por dentro. 

En este sentido el comienzo de la psicoterapia, en este sentido profundo, es un gran cuestionamiento de ideas morales, religiosas y culturales. Ya dijo Freud: la represión tiene que ver con la cultura, la cultura nace de la represión, pero la cultura, además, genera represión. Todo miembro de una sociedad necesita adaptarse a los patrones de esa sociedad, pero esa adaptación implica un sacrificio, sacrificio de todo aquello que en ese individuo vive y no da la talla de los parámetros, hay gente que puede soportar bien esa renuncia, son frustrados pero pueden vivir con la frustración, y hay gente que no puede. Ése es el enfermo, digamos, el que no puede, el que no puede hacer concesiones y seguir como si nada. Más tarde Jung va a decir: el enfermo, en este sentido, es un elegido, es aquél que tiene que hacer un camino, que el otro, en cambio, puede evitar hacer viviendo en medio de frustraciones. El enfermo ya no puede vivir así, y tiene necesariamente, no porque quiera sino porque se le hace imposible la vida, emprender un camino que finalmente le llevará al descubrimiento de sí. Esto cambia la idea de la patología. La patología no sólo es como una especie de castigo o de error sino la oportunidad de una transformación. En Jung cambia todo esto, de repente el enfermo está llamado, es como que el daimón le llamara a vivir en un plano que todavía no conoce ni se puede imaginar pero lo que está claro es que ya no puede seguir donde está. Y el otro, el llamado hombre normal, es alguien que soporta un alto grado de frustración en un estado de adaptabilidad que le mantiene siempre igual. Es interesante, se ha ido mucho más allá de eso, pero bueno, hay que pasar por ahí. Esa es la primera parte por la que hay que pasar, hay algo individual también, hay algo que plantearse en todo esto.” (2)

Los síntomas neuróticos

Uno entra en la psicología cuando el tema incluye el pensamiento que se tiene acerca del tema. Cuando me pregunto "¿qué es un síntoma?" no me pregunto solo "¿qué es un síntoma?", me pregunto "¿qué es en mí la idea de un síntoma?" Y no sólo hay síntomas afuera, hay idea de lo que un síntoma sea. Y cuando uno quiere "curar", la pregunta no es simplemente "¿cómo curar algo que está fuera?", sino ¿qué idea de la curación está siendo sostenida que hace que aparezca la enfermedad, e incluso el deseo de curación?

¿Qué es lo que en verdad dice éste síntoma? ¿Cual es su verdad? ¿Cual es la verdad de este sentimiento? No su mera positividad. No basta que exista o que sepamos que está ahí para que sea verdad. Que sea verdad implica que ese hecho tiene que ser reflejado en su interior y elevado a su propia Idea. ...Y no esperen una fórmula para ésto. 

      "No es suficiente decirles a nuestros pacientes que sus sentimientos, sus imágenes, sus ideas y cosas semejantes son hechos. La psicología debe también poner a prueba éstos hechos ante sí mismos, produciéndose, creándose la psicología misma, como el conocimiento de la verdad de esos hechos, y así sucesivamente. Caso a caso, hora a hora, la psicología conduce su interminable "juicio interior" (Jung) trayendo ante el tribunal cada tipo de situación y poniéndola ante el tribunal de su propia Noción de sí misma, completamente interior, sin nada afuera o debajo de ella, ni siquiera el mero hecho de ser este tribunal. Esta Noción es la forma lógica de una auto-revelación que se ve absuelta de la distinción sujeto-objeto. Al no ocurrir ni "adentro" ni "afuera" de nuestras cabezas, como algún tipo de juicio sintético apriori o como algún tipo de capacidad, ni al ocurrir ahí afuera en alguna especie de cosa en sí misma como una cualidad objetiva de los objetos, el alma nocionalmente existente, el alma lógicamente existente se produce a sí misma una y otra vez frescamente y siempre de nuevo, en la medida en que transgresoramente interioriza la circularidad hermenéutica de su auto-relación dentro de cada asunto de interés y dentro de todo asunto de interés -ya sea un sentimiento, una imagen, una idea, una situación, un sueño, o lo que sea que se esté tratando. De modo que cada uno de éstos ahora es concebido interiormente y revela su propio Otro interior; es decir, se ve investido con la capacidad de conocerse a sí mismo desde dentro como la unidad de la unidad y la diferencia de sus distintos momentos opuestos." 

Es decir, un sentimiento, una imagen, una idea, una situación, un sueño, o lo que sea que se esté tratando no es el Otro de nada exterior, sino que lleva su Otro contenido dentro de sí mismo, lógicamente tiene una alteridad, no físicamente. El Otro que busca la psicología en cada fenómeno no es un Otro exterior, sino el Otro que la Noción interiormente contiene. El despliegue lógico, el movimiento de este sentimiento cuando se explicita hasta su Idea y se desarrolla, se transforma en otra cosa, pero en otra que estaba en la primera pero no se había manifestado. Su Otro no es un otro físico, un otro ontológico, un otro "fuera", ni siquiera un otro en mi cabeza, sino el Otro que estaba contenido en la Idea misma. 

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  "Toda alienación es una forma de Verdad."  O dicho de otra manera, todo lo que se manifiesta es una forma de verdad. En la psicología no tenemos la escisión que puede operar en el positivismo, entre verdad y falsedad, tal que si algo es falso no es verdadero, o por ejemplo la escisión tan común en la física entre apariencia y realidad. En física podemos decir, ésto aparece como un sólido concreto con cualidades pero en realidad es un conjunto de átomos y electrones en movimiento. En física las cosas no son como aparecen. Pero en psicología no estamos absueltos o liberados de separar apariencia y realidad, porque la apariencia ya es realidad. Freud intuitivamente, desde otra perspectiva, ya lo vio cuando decía "hasta la mentira del enfermo es una expresión de su verdad". Es decir, la mentira que cada cual cuenta le revela tanto como si contara la verdad. El disfraz que te pongas te muestra tanto como tu desnudez. ¿Por qué este disfraz y no aquel? El disfraz en que uno pretende esconderse le esconde a uno pero revela el "alma". No hay forma que no haya revelación. Esa intuición es la que está aquí cuando Giegerich dice que "toda alienación es una forma de Verdad." 

      "Esta es la razón por la cual la psicoterapia y por la cual el proyecto alquímico de hacer oro a partir del estiércol, por ejemplo, es posible en primer lugar." 

¿Por qué es posible el proyecto psicológico, muy distinto de un proyecto espiritual? Porque el dolor, el síntoma o la enfermedad es el portador de la verdad, no es despreciable. El estiércol vale porque el estiércol es lo que llega a ser oro. Esto va a chocar con el sentido común. El sentido común piensa que de lo que se trata es de quitar el síntoma, de quitar el sufrimiento, de tirar el estiércol, sin advertir que en el proyecto psico-lógico o alquímico tirar el síntoma, despreciar el síntoma, evitar el sufrimiento, negar el proceso del dolor o tirar el estiércol, es también haber despreciado el oro en el cual el estiércol se transforma, la verdad que el síntoma está expresando, es tirar el síntoma en lugar de dejar que el síntoma se eleve a su verdad, y que no es la verdad del paciente, es la verdad del síntoma. 

      "La condición neurótica como una forma determinada de no verdad tiene desde el arranque y de manera no reconocida por sí misma, su lugar dentro de la verdad." 

Podríamos decir, la neurosis tal como se definió entonces, es el vivir en contradicción con sigo mismo, es decir, el vivir desgarrado por posiciones opuestas que no se conocen entre sí, y por lo tanto es vivir en la contradicción, es vivir en la no verdad y esta es una tensión permanente. En el amor está el odio y ese odio incluye amor. Por lo tanto se podría hablar de una especie de no verdad. No es un amor que ama es un amor que odia. Como el neurótico enganchado a sus padres, los odia pero no puede vivir sin ellos, es un odio que necesita del otro desesperadamente, y por lo tanto los valora excesivamente aún degradándolos. Esa es una condición neurótica. Lo que está diciendo Giegerich es que la condición neurótica en su no verdad ya es una primera mostración de la verdad. 

Afrontar a vivir en la verdad de lo que toca vivir es aceptar vivir en la Verdad que no es lo que yo quiero que sea la verdad, pero el intentar escapar de la Verdad me hace tener que vivir esa Verdad de todas maneras, sólo que neuróticamente. La Verdad es ineludible, aún cuando uno no la advierta, incluso en la forma de no advertirla se está poniendo en evidencia. Citando a Platón, "el alma es el órgano de la verdad". El alma -no yo-, vive a la altura de la verdad. Yo puedo vivir huyendo de la verdad pero el "alma" no soy yo. El "alma" es aquello que en todo momento está expresando la Verdad, y es ciega para lo que no es verdad. Estamos viviendo, a pesar de que no nos guste, en un tiempo y en una dinámica para la cual sólo existe lo que es verdad, y sólo es verdad lo que existe. Para mi no, yo puedo querer negar lo que existe, yo puedo querer vivir en otra cosa, yo puedo querer vivir, pero estoy viviendo neuróticamente la verdad de lo que hay. ...Y recuerden que la Verdad de lo que hay no la verdad positivista de ninguna ciencia. 

      "El alma es el órgano de la verdad. El objeto del alma, es decir, lo que le concierne al alma, son las verdades. Así como el ojo reacciona exclusivamente a la parte visible del espectro, el oído sólo a longitudes de ondas acústicas, así, el alma sólo (a)percibe y se interesa en las verdades. A diferencia de la ego-personalidad, no toma partido en los hechos -las cosas y las personas y los acontecimientos. ... Los alquimistas advertían, “¡Cuidado con lo físico en la materia!” Lo físico o natural es lo “no digerido”, “no procesado”, “crudo”, es decir, el hecho no “verificado” (wahr gemacht)." (“Irrelevantificación” o: acerca de la muerte de la naturaleza, la construcción del “arquetipo” y el nacimiento del hombre, Wolfgang Giegerich.) 

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W. Giegerich

Pensando la neurosis 

.... La neurosis, a un nivel mucho más alto que otros fenómenos psíquicos, requiere que la pensemos, que nos aproximemos a ella pensativamente, que la penetremos con pensamiento conceptual. El propio pensamiento es el único medio en el cual podemos hacerle justicia, hacerle justicia también particularmente a nivel terapéutico. La tesis de una conexión entre el alma y el pensamiento en la cual insisto aquí admito que es inusual. Lo normal en psicología es conectar el alma con la emoción, el sentimiento, con los deseos, apego y heridas, etc. Pero todas estas realidades (o ideas) tan importantes como puedan ser en su propio derecho y en su lugar adecuado, pierden la esencia de la neurosis. Por qué esto es así quedará claro, como ya he indicado, a partir de la discusión de más adelante acerca de la naturaleza de la neurosis en los siguientes capítulos. Es suficiente aquí decir a modo de pista anticipatoria que la neurosis es una enfermedad lógica e intelectual, una tarea altamente enrevesada, astuta, y necesita ser vista en un nivel puramente estructural (en contraste con un nivel personal: personas como entidades, “objetos”, tal como son llamadas en la jerga psicoanalítica). Por lo tanto, pensar aquí significa no quedar impresionado ni dejarse atrapar por la apariencia externa (fenoménica) que presenta la neurosis, sino que hay que verla acabadamente y comprender su estructura subyacente, o mejor dicho, puesto que “estructura” da la impresión equivoca de una arquitectura estática, hay que ver acabadamente y comprender la lógica compleja de la maniobra, ocurriendo bajo la superficie, como la cual existe la neurosis. 

Pero esto no es todo. Además de la necesidad de comprender las manifestaciones individuales de la neurosis nuestro proyecto de pensar la neurosis también tiene que ir más allá del nivel de todos los síntomas y mecanismos neuróticos individuales en plural y enfocarse en la neurosis en singular. Necesitamos entender que las enfermedades neuróticas individuales no tienen su verdad cada una en ellas mismas, sino en la neurosis como la realidad verdadera, de la cual, las neurosis que todos los diferentes pacientes tienen y todas las numerosas manifestaciones neuróticas son meramente ejemplificaciones específicas y parciales. La multitud de neuróticos participan de la neurosis, de forma parecida a como en una escala y dimensión mucho más grande, todos los seres vivos son representaciones individuales de “la vida como tal”. La neurosis, por decirlo así, se disemina en neurosis individuales, pero en cada individuo neurótico está la neurosis en forma individualizada. La neurosis es un pensamiento que en tanto que pensamiento se ha vuelto real. Es un concepto vivido y encarnado (y por tanto existente), y como tal, a pesar de su realidad diseminada, es un todo indiviso por su propio derecho. Es, después de todo, una realidad psicológica, una expresión del alma, y es, no debemos olvidar esto, una “institución” cultural.

Los individuos que se vuelven neuróticos son meramente el lugar donde se realiza a sí misma esta institución cultural. Se realiza a sí misma en ellos, cuando miramos desde una perspectiva empírica, causal, probablemente porque ellos son susceptibles o sensibles a ella, dándose a ella de acuerdo con su propia constitución psíquica personal, con sus necesidades, deseos, así como con sus circunstancias vitales. La institución de la neurosis, como parte de la lógica de una era histórica, dentro en una sociedad tiene más facilidad para presentarse en algunas personas que en otras. De alguna manera esto puede, en un nivel social, ser comparable a lo que en medicina se llama el locus minoris resistentiae de un organismo. O puede ser comparable a como en una sociedad ciertas personas caen cautivas por las modas, ideas y movimientos del momento y se identifican completamente con esas cosas perdiendo de esta manera su distancia crítica hacia ellas, mientras que la mayoría de las otras personas pueden quizás también simpatizar con las mismas modas sin, de todas maneras, perder su propia identidad. O también puede ser comparable a como ciertos individuos se extravían en la adicción a las drogas mientras que otros no. 

La neurosis como un concepto existente no puede ser explicado personalísticamente, de la misma forma que el “yo”, otro concepto existente, tampoco puede ser explicado personalísticamente. Como un concepto, la neurosis tiene su propia integridad. No es algo circunstancial, no es un atributo o accidente de la persona humana en tanto que sustancia. En tanto que concepto es en sí mismo, si uno quiere, una “sustancia”, una res

A menudo “pensar” se entiende como nuestro reflexionar acerca de algo, tener pensamientos, ideas, opiniones acerca de ello. Pero cuando hablo de querer pensar la neurosis me refiero a algo muy diferente. Me refiero a un pensamiento nuestro en el cual permitimos que la neurosis misma piense su propia naturaleza y verdad y que despliegue el pensamiento que ella es hasta el mismo final. 

"No debiéramos tratar de salirnos y sacarnos nuestras neurosis, porque este intento es la neurosis misma. Es el intento de escapar a la Verdad. En lugar de ello debiéramos tomar nuestras neurosis muy en serio con todas sus contradicciones y llevarlas a su misma conclusión, a donde la neurosis terminaría superándose a sí misma. La neurosis tiene todo lo que necesita -para volverse verdad- dentro de sí misma. En verdad, la neurosis ya es la propia verdad, pero en la forma de su rechazo, en la forma de tratar de esquivarla. La Verdad es ineludible."  

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NOTAS

  1. Wolfgang Giegerich. (2007). Tomado de Technology and the Soul. From the Nuclear Bomb to the World Wide Web. Collected English Papers, vol. 2, Spring Journals, 2007. Traducción de E. Eskenazi.

  2. Fragmento extraído de Reflexiones sobre el alma, una clase dada por E. Eskenazi  del curso Psicología y Verdad.

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