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La sal alquímica

Fragmento de un curso de Enrique Eskenazi - FUEGO EN LA PIEDRA -

(Psicología & Alquimia)

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"La alquimia habla mucho de sustancias: sales, cales, azufre, mercurio, plomo… Continuamente, pero ojo que no habla de lo que hoy entendemos por metales. Son metales vivientes. No son materia muerta. Por lo tanto, el metal está vivo, el metal está lleno de cualidades, está lleno de alma y también vive en ti. Hay una sal afuera, que si la observas cualitativamente te cuenta sobre el mundo de afuera, y corresponde a la sal del alma. Por lo tanto, cuando el alquimista habla de sal, no habla de nuestra sal, no es la sal común. ¿Dónde buscar la sal? En las minas de sal, en los salares, en el mar… Pero la sal que necesitamos también la produce el ser humano. En todas las secreciones del cuerpo, allí obtienes las sales para trabajar. ¿Y cuáles son las secreciones del cuerpo? Sangre, sudor, lágrimas… ahí está la sal. Es la sal del alma que se conecta con la sal de los salares. Por lo tanto, hay sal afuera y hay sal adentro. La sal de adentro es sustancial, y la sal de afuera está en el alma.

 

¿Qué pasa cuando comes sin sal? Es insípido, la sal da sabor. Es sabrosa. Cuando uno vive sin sal, ha caído en la insipidez. Y lo que no tiene sabor, no sabe a nada, no sabe en absoluto, no hay sabiduría. El sabor y el saber van de la mano. La sal es sabrosa, es sapiencia. Y el alquimista siempre habla de la sal de la sabiduría. Ésta es nuestra sal. ¿Y cómo se trabaja la sal? Pues como se trabaja la sal. Hay sal en los mares, es la sal del mar. Pero, ¿qué es el mar sino la amargura? La sal del mar arde, hincha, seca, reseca. Y hay momentos del alma en que uno pincha, uno está reseco, como cristalizado, crujiente, contraído y resistente. Son momentos en que se expresa la sal del alma. Pero, ¿cuál es la condición de que la comida esté sabrosa y no esté pasada? Cuidado, porque poca sal no sirve. Pero demasiada sal, tampoco. Por lo tanto, la sal, según el momento, según el lugar, según las circunstancias, mucha sal seca, reseca, separa, cristaliza. En la alquimia, el cristal y la sal están unidos. Porque hay algo. Piensen en los terrones de sal, se parecen a cristales, pero pinchan, lastiman. Hay gente que tiene exceso de sal, su colocación ante la vida es crítica, hiriente, siempre con un comentario mordaz, mucha sal. La sal fija, la sal conserva.

 

Lo dice Paracelso: “es el bálsamo natural de los cuerpos vivientes”. Si no hay sal, se pudren. ¿Cómo conservamos la comida? ¿Qué es lo que nos mantiene vivos? Si no hubiera sal, nos pudriríamos. La sal del cuerpo y la sal del alma. Por lo tanto, la sal da cuerpo al alma. Sin sal, el alma no tiene cuerpo. Y evidentemente, los cuerpos se han quedado sin alma. Por eso dice, Basilio Valentin, un gran alquimista del siglo XVI- XVII, uno de los grandes, aquél que Fulcanelli consideró su maestro: “el que trabaja sin sal, no puede levantar cadáveres”. Cristo ya dijo a sus apóstoles: …vosotros sois la sal de la tierra”. Dicho de otra manera, cuando uno vive y no lleva sal en el alma, se encuentra con cuerpos muertos. Pero hay tanta gente sin salero. Como no hay sal, no hay fijación. No hay cuerpo, hay humo. Hay trascendencia, se trasciende a rincones espirituales, desapasionados, desencarnados. El espíritu se ha vuelto un humo que se aleja del mundo, deja un mundo lleno de cadáveres. Ahí falta sal. Ahí falta el comentario mordaz, puntual, que pincha. Por ejemplo, cuando yo enseñaba a leer el Tarot, los propios desequilibrios sulfúricos, mercuriales, o salares de la gente teñían su visión del mundo. Al leer el Tarot se colocaban involuntariamente en una sabiduría sin sal. Un saber puramente teórico, de ideas que no tienen la sal de la experiencia personal, no ha sido llorado, no ha sido sudado y no ha sido sangrado. Un saber que no tiene cuerpo, es puro humo. Un mercurio que se volatiliza rápidamente, que se escapa de la botella, no se puede hacer nada. Se colocan en eso en grandes fórmulas, yo diría sin sabor, “leche de virgen”. Una “leche de virgen” no nutre porque no viene de parir, es agua blanca e insípida. Entonces, con su sabiduría de “leche de virgen”, ideas deliradas y humos acerca de espíritus que no se conectan con los cuerpos y cuerpos que no tienen espíritu, se ponen a leer al consultante dándole unas lecciones de espiritualidad increíbles. Pero recuerdo aquel consultante que puso la pizca de sal necesaria. Y una pizca de sal basta. Y aquella lectora que le estaba diciendo: “porque tienes que aprender el espíritu y el desapego, porque el amor se trasciende…” y toda esa perorata. Entonces, el consultante la miró y le dijo: “¿y por casa, cómo andamos? ¡Click! Bajó. Fue sólo un punto, pero esa persona que se había vuelto totalmente un humo que no ocupaba cuerpo, por el picor de la sal ¡crack! ¿Qué produce la sal? Sientes. Cuando conectas con la sal, lo sientes.

La sal es el principio de la experiencia vivida, sin sal no hay más que humo. Sin sal no hay más que azufre, prisa, prisa por consumirlo todo, saltar de un proyecto a otro que no tiene ni solidez, ni profundidad, ni compromiso. Es la llama que devora, los excesos sulfúricos. Y entonces la sal mata al azufre. Échale sal y ese azufre baja. La sal fija al mercurio. Pero ¿de dónde sacamos la sal? Tienes que sudar, tienes que volver a las minas de sal que están en ti, donde dolió. ¿Dónde está la herida? En la sangre, en el sudor, en las lágrimas, ahí se expresa el alma. Lamer la herida una y otra vez, y a veces lo hacemos, no sabemos por qué, lo hacemos. El alma es sabia y regresamos, y nos compadecemos y nos lamemos las heridas. El alma está buscando producir sal, necesita cuerpo. Y al hacer esto volvemos a las minas, otra vez a llorar, otra vez a sudar porque nuestra vida está necesitando sal. La sal va a hacer que los cadáveres vuelvan a la vida. Pero claro, en nuestra cultura new age, donde todo tiene que estar bien, y donde el dolor está mal, y que si hay un dolor hay un trauma, y un trauma se tiene que curar… Lo que llamamos traumas no viene de las circunstancias sino que son las siempre disponibles minas de sal del alma. Claro cada uno en su propia historia. —La vergüenza que pase aquel día, la pasé yo, y ardí, y me dolió, forma parte de mi historia personal. Pero no viene de lo que pasó, viene de la necesidad del alma de conectar con la sal. Y como la sal siempre es experiencia concreta, claro, mi conexión con la sal, no la tuya. Pero en ti también hay minas de sal. Si la sal hace cuerpo, hay que trabajar con sal. Pero no sólo hay que trabajar con sal. Hay que trabajar con los minerales. Hay que trabajar con el plomo. —¡Qué plomo! Me siento de plomo. Estoy tan mal que el cielo se ha vuelto negro como el plomo. ¡Qué plomo tener que hacer esto! Cuánto pesan las cosas."

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