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La vida a tientas

Josep M. Moreno ®

Avanzamos por la vida a tientas. Es verdad que disponemos, hoy sobretodo, de muchas teorías, doctrinas, ideas y creencias que parecen iluminarnos. Conjeturas que los humanos adoptamos con un convencimiento que casi siempre acaba siendo un estorbo, un lastre. 

Sin teorías y doctrinas parece que el camino se presenta oscuro e inquietante, quizás angustiante, pero con ellas y la falsa claridad que nos regalan, deambulamos en un universo demasiado vasto, vivimos, no sólo individualmente, sino como especie, un corto instante de tiempo y sin embargo, qué apasionante resulta el esfuerzo humano por entender. Quizás la pasión más honda y quizás la que mejor nos caracteriza, entre las demás criaturas, por lo menos de este planeta.

La época moderna supuso un gran avance respecto a las formas de comprensión canónicas, una ruptura, un cuestionamiento de los dogmas, una apertura hacia nuevos horizontes, luego la revolución postmoderna nos dejó huérfanos. En sus lúcido cuestionamientos de toda forma de pensamiento controlador y universalista, ha hecho emerger una actitud relativizadora que reduce todo a una expresión contextual determinada y ubicada espacio temporalmente, una efímera flor cultural que se sabe una más entre un hermoso campo de variadas flores, un crisol de formas, colores y texturas en la que ninguna de ellas puede recabar para sí privilegio alguno en cuanto a su validez (teórica, epistemológica, cultural, social, etc.). Era de deconstrucción perspectivista, de lúcidos análisis corrosivos que permiten que salga a la luz las casi siempre ocultas maniobras de los juegos de poder que amagan los discursos (teóricos o no). Una estrategia demoledora que desnuda toda pretensión de sistema pues siempre descansa en pilares de arbitrariedad.

El pensamiento desnudo y despojado de sus certezas y seguridades, se siente débil, hasta el punto de dar la espalda a una de sus motivaciones básicas, la búsqueda de la verdad, pues ésta no existe, tal es el canon deconstructivo. Desde la óptica relativista no podemos evitar el estar colocados en una postura irremediablemente caótica, todo vale.

Esta condición inevitable históricamente parece ser la expresión de la actitud nihilista que ya denunciada por Nietschze en los albores del siglo XX, hoy vive su culminación con el triunfo de una tecnología que esquila el planeta, una ciencia convertida en servidora de las corporaciones globales y una estrategia de poder interesada en la aniquilación de la individualidad humana. La Universidad, asimismo, abandonado el proyecto que la instituyó, el descubrimiento de la verdad, se afana asimismo en servir a los nuevos señores, esta vez no humanos, pues las corporaciones globales son sociedades anónimas.

Pero ¿en verdad podemos abandonar el proyecto de la verdad?...

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