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Sueños líquidos

Sueños líquidos

Josep M. Moreno - ® 2005-06

En ese lindero ambiguo donde el vasto Océano Pacífico se encuentra con el Mar de Cortés emerge un sueño que nos lleva a navegar por la inmensidad, a buscar a nuestros remotos antepasados, aquellos que se fueron al mar poblándose de escamas para huir del castigo celeste,

“Hubo una vez en que existían unos seres mágicos llamados los chantinos…herederos de una tradición misteriosa que no conocía límites…abrieron mundos fascinantes…cuya visión les llenaba de éxtasis haciéndoles olvidar el mundo donde estaban hasta que el equilibrio se rompió, las fuerzas del universo se rebelaron provocando movimientos submarinos y maremotos que hicieron desaparecer su hogar. Hombres y mujeres fueron devorados por las gigantescas olas, excepto unos cuantos, practicantes del viejo arte del nagualismo que les permitía transformarse en animales, pudiendo transformarse en peces antes de que el mar los tragara. De esta manera ellos enfrentaron la inmensidad del mar, convirtiéndose en un grupo de peces nómadas que vagaban por aquel espacio infinito. La energía que tuvieron que invertir en la transformación y luego en sostenerla, más el esfuerzo por sobrevivir en aquel mundo extraño, los fijó en su forma de peces y los hizo olvidar su origen, aunque prevaleció en ellos un vago recuerdo y la nostalgia por volver a caminar sobre la tierra….”

¿Quienes podrían ser esos legendarios chantines? Quizás los simpáticos y cuasi humanos delfines que parecen anhelar la compañía del hombre? O, ¿quizás la exótica y misteriosa manta raya, que con su vuelo fantástico y perfil de otro mundo permite que la cabalguemos? ¿Por qué no, el feroz tiburón, esa formidable máquina predadora que refleja nuestra propia capacidad predatoria aquí en la superficie? ¿Quizás la ballena cuyos cánticos y rituales despiertan asombros y ecos del más allá?

Dicen antiguas historias que el océano es la Gran Madre primordial. cuna y origen de toda vida, en aquellos tiempos en que las vastas aguas no tenían orilla, como dice un texto taoísta, el Huevo del mundo se incubaba en la superficie de las aguas.

Limbo original de extensión ilimitada y materia prima originaria, lugar de éxtasis y silencio, de nacimiento y renacimiento, todo sale del océano y todo vuelve a él, como decía Chuang –Tse “Allí confluyen todas las aguas sin llenarlo; todas las aguas salen de allí sin vaciarlo. he aquí porque voy al mar”

Los antiguos soñaban que el mar era morada de Neptuno, un insondable Dios todopoderoso cuyos dones era la inspiración, la intuición y la mediumnidad. Si acallas tu mente podrás oir el antiguo canto de sus hijas, las sirenas, esos monstruos marinos que seducen a los navegantes por la belleza de su cara y por la melodía armoniosa de sus cantos, que con sus leves voces te invitan al abandono y te recuerdan que al mar y al amor nunca le quites terreno, “olvidate de ti mismo – dicen en voz queda -, abre los diques de tu corazón, ven, ven a mi mundo líquido, lugar de maravilla, misterio y penumbra. Ven, ven al fondo marino, para sanar viejas heridas, para hallar tu retorno al origen”.

Océano sin tiempo y sin fin, azul que refresca la visión, silencio que embarga el alma y provoca un deseo de prolongar la inmersión, quizás para siempre… El océano, origen y vehículo de toda vida tiene un poder místico de fecundidad y purificación, madre, matriz y poder destructor sin par cuando al agitarse provoca tempestades, maremotos con sus grandes calamidades.

Mar informe preñado de vida, peligros y dulzuras, oscuro mar de conciencia que nutre a los seres y envuelve al planeta, fondos insondables, corrientes poderosas, abismos cuya eterna oscuridad contienen galaxias desconocidas, realidades invisibles y envolventes. Lugares que solo el sueño puede hollar, fuente de anhelo incesante, el fondo del mar nos atrae y a la vez nos paraliza de temor.

Anarquía y fusión de formas que se funden y confunden en una interminable gama de azules, el acecho de los tiburones, el vuelo mágico de la manta raya, la danza sincrónica de multitudes de diminutos peces con sus brillos tornasolados que reflejan el distante sol. Seres que se deslizan en caminos de agua, mudos y alertas, presencias suaves y tranquilizantes, piel de escamas y aletas, burbujas evanescentes que solo aspiran a elevarse.

Todo en el mar se confabula para obligarte a soñar, para recordarte que aún existen las Islas Afortunadas…sólo esperan a que te abandones a las corrientes de nostalgia infinita que dan vida al oceáno de tu propia alma.

 

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