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Artículos y notas

Crítica a la razón psiquiátrica

No hace mucho, una revista mexicana, Subjetividad y cultura, preguntaba a varios especialistas de la psiquiatría y la psicología sobre la antipsiquiatría. Las preguntas se centraban en qué fue la antipsiquiatría, cuáles sus aportaciones y fracasos, y, sobre todo, sobre su posible vigencia. Pregunta, ésta última, que quizás en España, en Europa, sería irrelevante. Sólo en el mundo marginal de colectivos de ex psiquiatrizados, en grupos de contrapsicología, o en algunos grupos de jóvenes okupas alternativos, he visto reeditados textos, con más frecuencia fragmentos, de la literatura antipsiquiátrica.

Conversaciones con Giegerich

En respuesta al artículo, Conversaciones con Giegerich de Raúl Ortega, escribí los siguientes comentarios, y reflexiones críticas respecto a algunas de las afirmaciones vertidas en él. Raúl, este “análisis” de la Psicología de Giegerich que haces muestra, antetodo, una falta de argumentos inquietante. Sobran alusiones a tus preferencias personales y opiniones que viertes sin fundamentar ya no digamos las acusaciones y/o alusiones a la persona de Giegerich y sus supuestas intenciones.

Concepto actual de locura y las nuevas formas de tratamiento

Hubo un tiempo demasiado lejano -o no tan lejano- en que un grupo de jóvenes psiquiatras, los que militábamos en la llamada corriente antipsiquiátrica, reivindicábamos de un modo un tanto provocador el uso de la noción y la palabra locura. Una palabra de amplio uso popular, ambigua y de múltiples acepciones, que se aplicaba sin ningún rigor, pero con la mayor naturalidad.

Un yo y un tú que se conocen

"El conocer no es como un puente que en algún momento y secundariamente une dos orillas de un río que subsisten por sí"... como si ya hubiera un río, como si ya hubieran dos orillas, que por sí subsisten, que ya existen, y que además el conocimiento es un puente entre estas dos cosas que ya existen. Heidegger dice que el conocimiento no es eso. Pero la gente se cree que estoy yo, que está el objeto (ya hecho, subsistente), y ahora yo conozco al objeto. Como si el conocimiento fuera una tercera cosa entre dos cosas acabadas

El pensamiento

Uno no debería  probablemente hablar mucho sobre el pensar, uno debería más bien hacerlo...pero considerando la afirmación de Berkeley "el alma siempre piensa" y el hecho de que el pensamiento o el pensar es objeto de tantos prejuicios populares, a menudo, cargados de emocionalidad, cuando no encuentra fuertes rechazos, no resulta inapropiado compilar algunas notas e ideas acerca del tema del pensar e introducir algunas distinciones.

Pensar: albergar ideas

A lo largo de los años he intentado aliarme con James Hillman, Ed Casey, Robert Sardello, Wolfgang Giegerich, Paul Kugler y otros, en una mafia de la mente, convocando una terapia de las ideas (en los dos sentidos de la frase); no sólo en el sentido de que pensar es terapéutico; eso también, pero además en el sentido en que Hillman insistía en su “Reimaginar la psicología” ya en 1972, o sea, que “la terapia tiene una trabajo importante que hacer con las ideas, como lo tiene con los síntomas y los sentimientos”.

Psico-logía vs. “crecimiento personal” y otros buenos propósitos por “mejorar las cosas”

La psicología, en tanto que "logos" (discurso, lógica, decir) de la “psique”, seguramente tiene poco que ver con haces de neuronas, terminaciones nerviosas, localizaciones cerebrales y fórmulas bioquímicas. Pero ¿tiene acaso que ver con objetivos tales como “el crecimiento personal”, la “mejora en la cualidad de vida” o incluso con la “curación de los síntomas” o la “resolución de problemas y dificultades”?

La fantasía del crecimiento

Si hay una sola idea que ahora une las variadas escuelas de psicología terapéutica, ésta es la fantasía del crecimiento. Carl Rogers en un capítulo que describe “La Visión de un Terapeuta de la Buena Vida” emplea estas frases: “Una creciente apertura a la experiencia”, “creciente confianza en su organismo”, “un proceso de funcionamiento más pleno”, “mayor riqueza de vida”.

Alma vs Psique

Para Giegerich el alma no es una entidad (un ente positivo o metafísico), ni un valor, ni una capacidad, ni una función, ni ocupa espacio, ni es un concepto sagrado (ideas que entresaco de tus citas), no pertenece a una dimensión reificada, ontologizada, positivizada, como Jung y seguidores y tú mismo conciben lo inconsciente, más bien es propia de una dimensión lógica cuyo ámbito es el de la pre-existencia negativa. Es una actividad cuya metáfora alquimista es la del Opus Magnum: La concepción de G. del alma supone un paso de la ontología a la lógica, el alma como proceso dialéctico.

Del Amor y del Sueño. Carta a una amiga

Creo que amar a una persona y entender un sueño presenta en el fondo la misma exigencia, un saber retirarse. Segun los kabalistas Dios mismo fue el que impuso el modelo. En cuanto al amor, Dios ocupaba todo y solo pudo ser posible la creación del Universo mediante un acto de amorosa contracción, un retirarse que creó el espacio en el que pudo tener lugar la creación.

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